Hay esperanza en el fútbol: la historia del club de Don Ramón

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A Pablo Vicó le dicen Don Ramón, y su historia nos devuelve la esperanza en el fútbol. 

 

El Atlético Brown fue fundado en marzo de 1945 y nunca ha jugado en la Primera División Argentina. Su historia, como la de tantos clubes barriales en el país de Maradona, ha sido atravesada por la incertidumbre y el vaivén ansioso de vivir para ascender. 12 temporadas en la Primera D. 36 temporadas en la Primera C. 18 en la Primera B Metropolitana. 4 en la Segunda División…

 

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El Brown de Adrogué, como lo conocen los entendidos, es como tantos clubes barriales en el país de Messi, un equipo humilde, familiar, de hinchas fieles en las buenas y en las malas. A su estadio, el Lorenzo Arandilla, le caben 45000 personas y la membresía para hacerse socio del club vale 180 pesos argentinos al mes (213.000 pesos colombianos).

 

El Tricolor, como le dicen sus hinchas más cercanos, ascendió por primera vez a segunda división en 2013, en una definición de infarto y por penales en la que se hizo héroe José Pablo Burtoboy, el ex arquero de Millonarios. Dos años después, tras haber descendido en su primera temporada en segunda, volvió a ascender con un gol al minuto 94, de esos que confirman que el guionista del fútbol es un borracho sabio y romántico. 

 

 

Hoy, el Brown está en semifinales de la segunda división y, aunque su historia es similar a la de muchos clubes barriales que hacen del fútbol argentino el más lindo de todos –tribunas precarias, presupuestos estresados, incertidumbre total–   está en la boca de todos. Y hasta en Hablaelbalón hinchamos por su ascenso. ¿Por qué?

 

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El Club de Don Ramón

Pues porque además de su historia barrial, de sus instalaciones contrahechas y su austeridad comprometida, su técnico Pablo Vicó –mejor conocido como Don Ramón– cuenta una historia vibrante, esperanzadora, de esas que nos hacen pensar que –como él mismo lo dice– el “fútbol no es solo mierda”

 

Foto:wndeadrogue.com.ar
Foto:wndeadrogue.com.ar

 

De joven, Pablo fue goleador del Tricolor en la Primera D y defendió sus colores hasta que las piernas no le dieron más. Entonces, con el escudo del Brown tatuado en el brazo, golpeó las puertas del club y entró a trabajar como portero de la pensión y a pasar allí todas sus noches. Su diligencia le valió un acenso y el club lo nombró como el encargado de cuidar y alquilar las canchas de tenis, primero,  entrenador del Baby Fútbol y de las divisiones inferiores, después, y primer entrenador en 2009; con 62 años y mil horas de fútbol y polvo, Don Ramón debutó. 

 

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Hoy Pablo lleva 10 años al mando del primer equipo, construyó su casa en el predio del club y domingo a domingo se juega la vida para lograr el ascenso. Como antes, como siempre. Aunque su nombre ha llenado titulares en la prensa y en el fútbol del ascenso su bigote es conocido, sigue hablando despacio, tranquilo, con los pies en su lugar. Lo suyo es el club y el silbato. No necesita nada más.

 

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El domingo pasado, en cancha de Sarmiento, empató a 1-1 en la ida de la semifinal. El próximo domingo, a las 12 30 de la tarde, jugará la revancha en el Lorenzo Arandilla. La Primera División se le asoma a la ventana y la gloria, dice la prensa, está a tres partidos de distancia.

 

Ignoran que la Gloria (así en mayúsuclas  ya llegó. Le pasa todos los días.  ¡Aguante Brown! ¡Aguante Don Ramón!

 

 

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Foto:

DeBrown.com


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