De por qué Teo es más que Dayro

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Ambos, tan cracks pero tan distintos, representan dos tipos de delantero radicalmente diferentes. Eso sí, Teo es mejor.

 

Que dos de los principales grupos económicos del país tengan a fondo el pedal de su inversión en el fútbol nos permite disfrutar semana a semana de Teófilo Gutierrez y Dayro Moreno. Los equipos chicos ya no tienen que mirar a Europa para hacer comparaciones de fábula, ahora basta con jugar contra su par de Barranquilla para descubrir la sobrecogedora realidad de que el sueldo de la estrella cubriría el de toda su plantilla.

 

Es necesario decirlo porque solo poniendo en carne viva la dureza de esta realidad económica es que la discusión empieza a coger color. En las lista de los delanteros, Teo y Dayro miran desde muy arriba a los demás. Los otros buenos delanteros del FPC como Ovelar, Morelo, Ayron del Valle y compañía compiten en otra liga.

 

Son dos delanteros que deberían estar en Europa, o al menos, haber llegado de allá hace poco. Si Teo no tuviera tan pronunciado su carácter de rebelde incorregible tendría que llevar a cuestas una carrera notable en una liga importante de Europa. Igual Dayro. Si sus formas hubieran estado a la altura del medio, ellos no tendrían por qué estar en Junior y Nacional. Así de sencillo.

 

Sin embargo, en esa competencia de dos, y solo dos, hay uno que es mejor…

 

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Es verdad que son jugadores de distinta naturaleza y cuando los comparamos, observando a cada uno en su propia dimensión, las diferencias se hacen más evidentes. Son caballos de diferentes fincas. El uno es un brioso y desbocado; un cuarto de milla. El otro es un elegante paso fino, de los que se montan con café en mano. Son tan distintos que serían perfectamente complementarios. Un equipo que tuviera a los dos, podría atacar bien en cualquier tipo de partido.

 

Con Dayro, un equipo asegura una amenaza constante. Obliga a los centrales a estar concentrados los 90. Es un devorador de espacios, una máquina de diagonales. Vive de la máxima que reza “es mejor llegar que estar”. Su otra gran cualidad es que nació con el don del gol. Esto puede ser una obviedad, pero es una virtud especial, difícil de poner en letras. El don del gol no lo tienen todos los goleadores. El don del gol es algo que va más allá de los números fríos, es algo intuitivo, congénito.

 

Dayro inicia un partido con el objetivo y la necesidad loca de marcar. Es adicto al gol. Tiene el arco pintado en la frente. Por eso, lo vemos insistir con disparos y recursos insólitos que muchas veces —con razón— irritan al aficionado, pero que hacen parte de su naturaleza de matador insaciable. Sin ese demonio interno, sin ese apetito voraz por el arco, es imposible salir cinco veces goleador del fútbol colombiano.

 

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Por otro lado, con menos goles y menos partidos, Teo tiene un promedio goleador muy similar, y levemente mejor, que el de Dayro. El barranquillero tiene una media goleadora de 0,44 goles por partido, el tolimense apenas llega 0,43. Sin embargo, los números no deberían ser nunca los principales abogados de Teo, pues cuando hablamos de él hablamos de un delantero singular. Describirlo es un difícil ejercicio conceptual: ¿Es nueve? ¿Falso nueve? ¿Mediapunta? ¿Diez? ¿Segundo delantero? ¿Todo al tiempo y un poco más? Teo es en sí mismo un universo de delanteros; una caja llena de variadas herramientas ofensivas.

 

Tiene gol, intuición, sabe poner el cuerpo, juega de espaldas como pocos, se asocia con sentido y juega bien a uno y dos toques. Lo tiene casi todo. Cuando ha estado bien fisicamente y se ha mantenido lejos de la polémica siempre ha contado para Pékerman. Algunas declaraciones de Don José, leídas con cierta sensibilidad, han develado que Teo es su ojito derecho. Y no es para menos.

 

Mientras el fútbol de Dayro vive de una relación tenaz e intensa con el balón y el arco, el de Teo vive de una relación innata y fluida con el juego. La exposición de motivos para decir que Teófilo es mejor jugador podría ser incluso más extensa. Pero el principal de los argumentos descansa en el inapelable sentido común del buen juego. Dayro vive de la pelota, Teo vive del juego.

 

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Foto: golcaracoltv.com


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