La verdad sobre el descenso en Colombia

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Todos le temen, pero nadie sabe realmente cómo funciona. Esta es una guía completa sobre el descenso en el fútbol colombiano. Lea y aprenda. 

 

En Europa los mecanismos de descenso son bastante simples. En las ligas de España, Inglaterra e Italia descienden los tres equipos que cierran la temporada con el menor número de puntos. Otras, como la alemana o la francesa, descienden a los dos peores equipos y emplean un sistema de repechaje entre el tercer peor de la primera división y el tercer mejor de la segunda. Sin embargo, todas tienen algo en común: la tabla de la liga determina qué equipo ha de descender.

 

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Por eso, para cualquier europeo —y para el sentido común— es un disparate pensar en que un equipo pueda estar pelando por un puesto entre los ocho y, al mismo tiempo, luchando activamente contra el fantasma del descenso. En Colombia actualmente hay dos equipos en esta situación, América y Jaguares, todo gracias a la infame tabla del descenso.

 

Aunque la tabla del descenso es la norma en Latinoamérica, hay ligas como la chilena que han adecuado el sistema europeo (clásico) a la estructura de apertura y clausura (un torneo semestral, dos torneos al año):

 

 

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Es simple. Se toma la tabla de los torneos apertura y clausura y se suman todos los valores en una única tabla agregada de reclasificación. Desciende el peor o los peores clasificados. Fácil. Sin embargo, aun así, hay cinco ligas que siguen insistiendo con el particular sistema del promedio.

 

Desde hace varios años las ligas argentina, paraguaya, uruguaya, mexicana y colombiana emplean la tabla del descenso. A primera vista suena intimidante, pero es mucho más simple de lo que parece. Primero se suman los puntos de los cuatro semestres previos con los puntos de la última temporada. Se tienen en cuenta solo puntos ganados en la temporada regular de la primera división, así que los equipos ascendidos el año inmediatamente anterior tienen menos puntos. Luego se hace lo mismo con los partidos jugados. Finalmente se divide la suma de los puntos agregados sobre la cantidad de partidos jugados. El resultado es un número entre 0 y 3. El equipo (o equipos) con el peor coeficiente al final de la temporada desciende.

 

Los críticos del sistema alegan que se trata de una medida proteccionista para evitar que los grandes se vayan al descenso. Por otro lado, se argumenta que el método garantiza la presencia de los equipos más consistentes y no los castiga por un mal momento puntual. La gran utilidad del promedio, en todo caso, es que permite comparar la consistencia en el rendimiento de equipos que llevan tiempo en primera con la de los recién ascendidos.

 

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El ejemplo de la liga mexicana es ilustrativo:

 

La anterior tabla muestra claramente que el recién ascendido Nexaca, aunque tiene menos puntos y partidos que (el descendido) Chiapas, tiene un mejor coeficiente. En México, Argentina, Paraguay y Uruguay el coeficiente del recién ascendido se calcula según los puntos que este mismo obtuvo en el último año. En Colombia, inexplicablemente, no.

 

El método de la Dimayor es curioso. En Colombia se le imputa a los recién ascendidos los puntos del peor equipo que logró mantener la categoría el año inmediatamente anterior. En el caso del América, el club comenzó con los mismos valores con los que terminó (se salvó) Jaguares en el 2016.

 

 

Lo que sucede entonces es que un equipo recién ascendido, o incluso en su segundo año después del ascenso, carga con puntos y partidos jugados por otro. Los puntajes “heredados” suelen ser la razón por la que los recién ascendidos están constantemente luchando por mantener la categoría. El caso del América es categórico. Por heredar los puntos de Jaguares actualmente tiene un coeficiente de 1,071. Si por el contrario se usaran solo los puntos que ha ganado desde que ascendió su coeficiente sería de 1,556; estaría cómodo y muy lejos del descenso. También se encontrarían en mejor situación Tigres y Bucaramanga.

 

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Así las cosas, las oportunidades de equipos como el desaparecido Uniautónoma se han visto asfixiadas. Aunque sus campañas en primera estuvieron lejos de ser buenas, lo cierto es que el equipo tuvo que cargar con un lastre que no le pertenecía. No sabemos si seguiría existiendo, pero ciertamente el descenso tuvo mucho que ver con su desaparición. Por su parte, Jaguares fue el gran beneficiado. En 2015, cualquier otro sistema de descenso diferente al nuestro habría condenado al equipo cordobés a la segunda división. Hoy, aunque sigue huyéndole al fantasma del descenso, está luchando activamente por un puesto entre los ocho. Ridículo. Pero así lo quiere la Dimayor

 

¿Cuál es la razón de ser de nuestra particular tabla de descenso? En un deporte tan controvertido y corrupto, ¿vale la pena tener un sistema que levanta tantas suspicacias? ¿Es beneficioso para el nivel de nuestro fútbol un método que mantiene el status quo en el fondo de la tabla y que es benévolo con los que menos lo necesitan? ¿Dónde queda la meritocracia?

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Foto:

Monserga del Fútbol


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