El Ángel del Fútbol
Autor: Hans Jorgen Nielsen
Ultramar Ediciones (1982)
El futbolero es también una persona normal. Tiene buenos y malos ratos. Se casa, se divorcia, tiene hijos o no tiene hijos. Trabaja o sufre el desempleo. Sin embargo, el futbolero tiene una variación genética: su espina dorsal está hecha de fútbol.
En su novela, Hans Jorgen Nielsen logra hilar la vida de un hombre cualquiera atravesado por el fútbol. El Ángel del fútbol cuenta la historia de Franz, un periodista de izquierda que mantiene una relación cercana con Franke, un amigo de la infancia que llegó a la cima del fútbol profesional.
No hay relatos de partidos emblemáticos, ni situaciones dramáticas que bordeen la fantasía. Nielsen se centra en la historia de un hombre que lucha con el día a día: Franz escribe un diario narrando los desenlaces que lo llevaron a 1977, tiempo donde transcurre la novela. Su niñez en la austeridad comunista de un barrio obrero en Copenhaguen, su divorcio y su relación con el nuevo hombre en la vida su ex pareja, su difícil relación con su hijo bebé al que no logra hacer feliz, son todas meditaciones que suceden en un marco que se construye bajo el fútbol.
A Franz lo acompaña el fútbol, quiéralo o no. Él no puede olvidar cómo Franke marcó su vida. No encontraría jamás un cómplice, no encontró como comunicarse con los demás. Por eso, en el retorno a su origen -donde conoció el fútbol- reflexiona sobre su vida, llevando al lector por un complejo viaje psicológico lleno de simples acciones cotidianas.
Así que si siente que no lo entienden, o quizás usted no entiende a los futboleros, le dejamos picando en el área este apartado para que decida aventurarse en la cotidianidad futbolera que le trae El Ángel del Fútbol:
‘Nuestro patio’, ‘nuestra clase’, ‘nuestro club’: una sutil red de lealtad del grupo y de la colectividad. Aunque sea un mundo cruel, implica para el que sepa arreglárselas en él una vivencia de autoconsciencia e independencia por un lado, y de solidaridad del grupo por el otro, como por ejemplo cuando todo el grupo, sin muchas palabras y sin reflexionar, empleamos espontáneamente la astucia colectiva para tomarles el pelo a un par de guardias de una fábrica; no es algo muy distinto a lo que hace falta para efectuar un buen contraataque en fútbol: en el arte de nuestro fútbol cristalizan todas nuestras costumbres.









