Cuando ‘El Dorado’ acabó con Hungarian F.C.

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Hoy suena raro, pero es verdad. Hace algunos años, varios, acá en Colombia fuimos los mejores del mundo jugando al fútbol. ¿No lo cree? Lea este lindo escrito y saque pecho.

 

Era 1950. El mundo seguía recogiendo los escombros de la guerra para reconstruir la vida y aún así, entre el polvo y el dolor, la pelota seguía rodando. En Hungría, que para entonces presumía de ser una gran potencia futbolera, Mátyás Rákosi, simpatizante de Iósif Stalin, había subido al poder y estaba imponiendo un régimen autoritario. Una barbarie que le costaría la vida a alrededor de dos mil personas y la pérdida de la libertad a otras cien mil. Temiendo por sus vidas, un grupo de futbolistas profesionales decidió escapar de la creciente tensión y formó un equipo de exhibición con miras a viajar por el mundo. El fútbol como salvavidas.

 

Con el aval de la FIFA y liderado por la superestrella László Kubala, el Hungarian F.B.C. salió a exhibir su fútbol brillante por toda Europa. Como si se tratara de los Harlem Globetrotters, los húngaros arrasaron con varios equipos de tradición e hicieron valer el dinero de los espectadores con jugadas de fantasía y fútbol de deleite. Dejaron boquiabiertos a los franceses, dieron cátedra a los ingleses, batieron a los holandeses, silenciaron a los italianos y torearon a los ibéricos. En Europa no había quien los detuviera.

 

Tan grande fue su eco, que los rumores del equipo invencible llegaron a Colombia, a los oídos de Alfonso Senior, el más grande promotor de la época dorada del fútbol colombiano. Senior se rehusaba a pensar que los húngaros eran mejores que los Di Stéfanos, los Pontonis y los De Freitas que para ese entonces jugaban en Colombia. Por eso se empecinó en medir al Hungarian F.B.C. contra los equipos colombianos.

 

En un acto de gallardía decidió contactarlos para negociar una gira por tierras cafeteras. Habrá sido la arrogancia con la que Senior los retó, pero los húngaros aceptaron cruzar el Atlántico para dar un repaso de fútbol moderno.

 

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El ánimo por ver a los gigantes rubios se esparcía como una pandemia por todo el país. “Rapidez, Decisión y Contundencia: las características del Hungarian”, “Expectativa por el debut de Hungarian”: la prensa se deshacía en elogios para los extranjeros que venían desde lejanas tierras a aleccionarnos. Y por fin llegó el día, el 12 de noviembre de 1950 dos mil colombianos acudieron al aeropuerto de Techo para recibir a las leyendas.

 

La expectativa era que el conjunto de Europa oriental iba a demostrar una mezcla entre la contundencia avasallante europea y una elegancia llena de lujos. Ese era el fútbol moderno y los colombianos lo pedían a gritos. Tanta era la euforia que, en Bogotá, la alcaldía municipal aceptó aumentar los precios de las entradas en un ciento por ciento y la gente las seguía pagando.

 

Lo que sucedería después no se lo habría imaginado ni el más optimista. Un empate y tres derrotas fue el balance que dejaron los cuatro partidos –dos contra Millos y dos contra Santa Fe– en Bogotá. Di Stéfano, Pedernera, Cozzi, Pontoni, Mountfor, Mitten: las estrellas del fútbol bogotano superaron a los ‘dioses’ húngaros, que desconcertados se fueron a probar suerte a Barranquilla, Medellín y Cali. Fuera de la capital la cosa no cambió. El empate a cinco frente a Libertad de Barranquilla y las derrotas consecutivas contra Medellín y Boca Juniors de Cali dejaron en evidencia al fútbol moderno. La gira terminó y los húngaros no pudieron ganar en suelo colombiano.

 

Eldorado
Recortes de prensa de El Espectador sacados en la hemeroteca de la Biblioteca Luis Ángel Arango

 

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La decepción de los Globetrotters húngaros —que venían de pasarle por encima al mítico Liverpool
y a la selección española— puso en duda la supremacía europea. ¿El mejor fútbol del mundo se
jugaba en Europa? ¿En Suramérica? ¿Acaso en Colombia?

 

Pero la cosa no pararía ahí. La paradoja se haría aún más grande. Si bien los húngaros se habían visto superados por los equipos colombianos, la calidad de sus jugadores saltaba a la vista y llamó la atención de varios clubes nacionales. El Junior fue el primero en tomar acción y tras recomendación expresa de su director técnico Friederich Donnenfield, contrató a Irme Danko, László Szoke, Ferenc Nyers, Sarossy III y Béla Majtényi. Así comenzó a desmantelarse el Hungarian F.B.C.

 

También en Santa Marta, donde por ese entonces se proponían a fundar su primer equipo profesional, se fijaron en los húngaros. Aprovechando la iniciativa del Junior, los directivos samarios trajeron a seis jugadores del Hungarian F.B.C para darle forma al Deportes Samarios. Dos años después, el conjunto fue reestructurado y rebautizado como Unión Magdalena para jugar en nombre del departamento entero.

 

Así es. Quienes vinieron a exhibir su fútbol y a modernizar nuestras envejecidas nociones de juego, terminaron quedándose porque acá ganaban mejor y escapaban de las amargas reminiscencias guerra. Los conquistadores húngaros se hicieron co-fundadores de un emergente club colombiano. ¡Qué paradójico!

 

Atrás, y en nuestra memoria colectiva, quedarán para siempre esos años dorados en los que fuimos los mejores.

 

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Foto:

Barça Blaugranes


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