¿Qué pasaría con el Barca si Cataluña se independiza?

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¿Se ha preguntado que le ocurriría a este gigante del fútbol si Cataluña se separa de España?

 

La sociedad catalana está fracturada. Entre independentistas y partidarios de la unidad de España el problema se escaló a niveles preocupantes. Es un conflicto enardecido. Hay familias que se dividieron, partidos políticos con pugnas internas, insultos y agresiones en la calle. La olla del independentismo catalán llegó a punto de ebullición y no hay un sector de la sociedad catalana que no se vea afectada por esto. El futuro está en juego.

 

En este contexto, si hay una institución catalana que debe y tiene mucho que decir es el Fútbol Club Barcelona. Tiene muchas velas en este entierro. Como bien lo dijera el genial escritor Manuel Vázquez Montalván el Barca es “el Ejército desarmado de Cataluña”. Desde la Guerra Civil Española este club ha sido un símbolo de resistencia, de catarsis social y de identidad cultural. Más que un club de fútbol, el Barca  es un fenómeno social, una institución que pertenece a las entrañas de Cataluña. Por eso es imposible pretender que sea un club apolítico.

 

Aunque el Barca cada día es más universal, muchos de sus socios y aficionados pretenden que el club siga cumpliendo con esa promesa histórica. A los socios más radicales les pareció poco que se jugara a puerta cerrada contra Las Palmas. Ellos querían la suspensión del partido y que el Barca fuera más que nunca ese activo y valiente “ejército desarmado”.

 

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Pero el gran éxito deportivo en la última década ha traído a la institución una exigencia de ritmo de juego y de títulos que nunca tuvo en su primer siglo de historia. Al Barca de hoy el mundo le pide lo mismo que al Real Madrid y muchos de sus directivos no han pensado en las consecuencias deportivas que podría tener el hecho de seguir apoyando al movimiento independentista.

 

Lo primero que pasaría si Cataluña se vuelve un país independiente es que saldría de la Unión Europea. No solo no podría jugar LaLiga y la Copa del Rey, sino que inmediatamente quedaría excluido de cualquier competición europea y por consiguiente del Mundial de Clubes. Los estatutos de LaLiga y las normas por las que se rige la competición prohíben que un equipo de un país distinto a España (salvo a Andorra a quien le aplica esa excepción) dispute los torneos organizados por la Real Federación Española de Fútbol. En cuanto a la Champions y la Europa League, la participación se vería truncada debido a que en estas solo pueden participar los equipos de las federaciones que pertenecen a la UEFA.

 

Luego vendría el tema de los derechos deportivos. En el fútbol moderno la mayor fuente de ingresos de un club proviene de patrocinios y de derechos televisivos. Una cosa es jugar en la Liga Española, una de las más seguidas en todo el mundo, y otra muy distinta es jugar en la Liga de Cataluña. El rubro de ingresos por derechos de transmisión se iría al inframundo. De un día para otro el partido más interesante de su calendario sería el derby contra el Espanyol. De ahí para adelante, ¿quién gastaría una mañana de domingo viendo un Barca – Santfeliuenc FC?

 

Ahora, luego de imaginárselo, pregúntele a la gente de Nike o de Rakuten lo que opinaría al respecto. Los empresarios del imperial e-commerce japonés podrían tener la certeza de que patrocinando al Cortuluá tendrían más exposición. Pagarle a Messi y compañía se haría difícil, créalo.

 

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Aunque es indivisible de lo anterior, el golpe más fuerte sería en el plano deportivo. Supongamos que la gente sigue loca por ver los partidos del Barca y que los patrocinadores no se le bajan del bus (supongamos). Más allá del duopolio Madrid-Barca, la Liga Española es infinitamente superior al de la Liga Catalana. Entonces, lo normal sería que el nivel del equipo se viera afectado. El Barça terminaría volviéndose algo así como el Celtic de Escocia, un equipo virtualmente invencible en su país, pero un hazmerreír a la hora de competir en Europa. Esto, suponiendo —otra vez—  que la nueva Cataluña se adhiera a la UEFA.

 

Ahora, soñando —otra vez— en que el músculo financiero no se viera afectado, la pregunta es: ¿quién querría venir al Barca en esas condiciones? Dembelé rechazó la oferta de muchos otros para venir al Barca por su mística, por su nombre y su prestigio. Ese es el plus de los grandes. Jugando en las condiciones de esa hipotética Liga Catalana, el Barca sería, sin duda, la última opción. ¿Quién diablos querría jugar allá?

 

Serían pérdidas mayúsculas para el Barca y para el fútbol en general. Hasta luego al Barca-Madrid, el clásico del mundo. ¿Dónde ver a Iniesta? ¿Y a Messi? Que pesadilla. Alejándose de cualquier postura política, olvidándonos de todo menos del fútbol, los futboleros, los catalanes, los colombianos, los australianos, independentistas o no, neoliberales o no, conservadores o no, todos, absolutamente todos,  necesitamos que el Barcelona, el Espanyol y los demás equipos catalanes se quedan en España.

 

Si no, prepárese y disfrute de esta última temporada y de este último Mundial. De hacerse oficial, sin ellos, sin los españoles catalanes, el planeta fútbol no volverá a ser el mismo.

 

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Foto: marca.com


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