No quisiera jugar en Millos

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Los hinchas de Millos están traduciendo su frustración a violencia y nuestro Director Cultural reflexionó sobre ello en estas líneas.

 

El que fue al estadio a ver Millonarios vs Cortulúa fue testigo de una las cosas que más me entristecen de los hinchas de Millonarios: la impaciencia violenta. Sí, es cierto que tenemos una historia de grandeza: de jugadores como Di Stefano y Pedernera, como Iguarán y Willington Ortiz, como ‘Maravilla’ Gamboa, Vivalda y muchos más; y de títulos, pues durante mucho tiempo fuimos el equipo más veces campeón de Colombia (con o sin mafia la historia así lo decidió). Sí, también es cierto que Millonarios lleva mucho tiempo siendo el hazmereír del Fútbol Profesional Colombiano. Cuando casi nos fuimos a la B en el 2002, cuando nos tocó pintar los buses porque Nacional se quedó con el título del más veces campeón, cuando Junior nos remontó milagrosamente (dos veces), cuando Cocca nos dejó botados y mil veces más. Pero el producto de estos dos factores (un pasado grande y un presente mediocre) no puede ser la violencia.

 

El hincha de millos es violento. Y digo hincha, no barrabrava. No me estoy refiriendo al pandillero que apuñala y roba mientras está drogado en el anonimato de un colectivo que se reúne en el estadio. Me refiero al plateísta que pagó $1.265.000 para abonarse en primera fila (no exageró eso vale Occ. Central Baja sin descuento) y que ahora aprovecha que está justo detrás de la banca para gritar “sienten a ese negro hijueputa y metan a Maxi”. Me refiero al de Oriental Preferencial Alta que manotea cuando meten a Macalister Silva y grita “ese malparido no sirve para nada”. Me refiero al de General (Occidental u Oriental, da igual en verdad somos todos) que le da órdenes a Russo  — o a Cocca, o a Israel, o a Lillo, o a Lunari…– creyendo que sabe más y emputándose cuando no le hacen caso. El hincha de millos es violento, hace todo con violencia.

 

¿Está nostálgico? Le recordamos la historia de Millonarios en 5 camisetas

 

Hay cosas que no se hacen. Así nos estemos asfixiando de la frustración hay cosas que no se hacen. Recuerdo con escalofríos cuando una gran mayoría en el estadio cantaba “Israel, Israel, hijo de puta Israel”. No me jodan. A Rubén Israel no le fue bien con Millonarios, pero ¿acaso fue a propósito? Dígame sinceramente, ¿usted cree que él no se rompía la cabeza todas las semanas tratando de dar con la fórmula para ganar? Hubo dos partidos consecutivos donde el estadio le coreó “hijo de puta” a Israel y al tercero hubo una invasión a la cancha cuyo propósito parecía ser darle en la jeta a los jugadores de Millonarios. No entiendo cómo corear groserías iba a ayudarle a Israel, pero sí sé que es una violencia que no le deseo a nadie. Es más, así se lo deseara a alguien no tengo dudas de que la gran mayoría de personas en el mundo estamos muy lejos de tener a 20.000 personas gritándonos “hijo de puta” al unísono.

 

 

 

Se lo digo con dolor pero con completa franqueza: a mí NO me gustaría ni ser jugador ni ser técnico de Millonarios. No me vaya a decir cagón. Es muy fácil decirlo, pero trasládese a su oficina y piense lo que sería ir todos los días a trabajar bajo presión con el agravante de tener que entregar resultados que no dependen enteramente de usted. Le da cáncer en un mes. Comienza a pasar hojas de vida a todas partes y lo primero que le salga lo toma. Usted sí puede, el jugador de fútbol no. El jugador de fútbol tiene que ser valiente y comprometido y tiene que amar el club donde juega, si no es un ‘hijo de puta’.

 

Pero, yo pienso cada rato ¿cómo va a querer uno a su equipo y a su hinchada si no lo acobijan? Imagínese que usted comienza una relación amorosa con otra persona y tiene tres malos polvos. Al cuarto la presión es tanta que con seguridad comete todos los errores y termina siendo el peor. Yo le digo que he tenido novias que me han acobijado durante los malos desempeños y eso ha mejorado mi rendimiento. ¿Por qué? Me llené de confianza. Sabía que era un lugar seguro. En Millonarios, día a día vamos minando la confianza de los jugadores y del cuerpo técnico. Cada derrota o cada mal partido que pasa nos aseguramos (a grito herido o en Twitter) de reducir el margen de error para los que nos representan como equipo. La presión aumenta demasiado rápido y con ella nuestra violencia al no recibir resultados.

 

Llevamos años sin ganar, entonces vamos a putear a los jugadores hasta que ganen, y si no ganan amenazamos al presidente del club y le cascamos a los jugadores. ¿No le suena ridículo? ¿En verdad usted cree que así funciona el mundo?

 

Hemos pensado qué le hace falta a Millonarios y sacamos estas reflexiones

 

No más. ¿Por qué contra el Cortulúa chiflaron a Duvier Riascos cuando salió? En la pretemporada el Twitter estaba inundado de gente pidiendo a Riascos. Era una exigencia de la hinchada. Si Riascos no venía era la hecatombe. No sé cuántos de estos hinchas sabían que Riascos venía de una mal año en el Cruzeiro donde terminó sin jugar un semestre entero. Bueno, pues Duvier debutó y en su segundo partido le hizo un golazo al América. No estoy exagerando cuando digo que le llovieron elogios. Ahora el equipo juega mal. Duque se lesionó, se recuperó Koufatty y Russo no ha logrado encontrar el nuevo sistema de juego. Riascos lleva tres malos partidos, en realidad todo el equipo, pero ¿por qué nos vamos a desquitar con Duvier? Usted la embarró primero cuando puso sus expectativas sobre él sin saber como estaba llegando a Millos y ahora se cree con el derecho de chiflarlo y pedir la cabeza por que él no le cumple.

 

El problema no es la inconformidad. Yo también estoy mamado de que Millonarios no gane, de que Nacional gane todo y de que Santa Fe siempre pelee todos los títulos. El problema es que hemos naturalizado que la violencia en el Estadio es la única manera de hacernos escuchar. El problema es que creemos que tenemos que hacérselo saber a los jugadores a través de gritos o al presidente tirándole gaseosas a su palco. Si los Comandos se organiza todos los años en el cumpleaños de Millonarios para marchar (y vandalizar Bogotá a su paso), ¿por qué nosotros no nos podemos organizar? Tenemos los medios. Necesitamos una plataforma. Usemos las herramientas digitales, sino mínimo usemos la cabeza y organicemos una marcha pacífica. La violencia NO puede ser la única forma de hacerse escuchar y menos la violencia contra los jugadores que aceptan el reto de ponerse la camiseta de Millonarios, ellos son los únicos que pueden ganar por nosotros.

 

No me estoy tratando de lavar las manos. Yo también he tenido mis rabietas. Pero sí sé que yo no soy así de violento. Y también sé que dentro de los 15.000 que siempre vamos hay otros como yo. Simplemente escribo estas líneas porque me tiene desconcertado la mentalidad general y estoy seguro que esa impaciencia violenta no nos va a devolver al Millos que fue más veces campeón.

 

Foto:

As.com

 


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