¡Colombia no es menos que nadie!

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Y entonces pasó lo peor. Empatamos contra Venezuela, contra el último clasificado, contra el equipo de niños, contra los solteros y los casados, como se refirió insolentemente Carlos Antonio Vélez al tremendo equipo de Dudamel. Y lo que era certeza entonces se hizo duda. Y de estar bailando en Rusia pasamos a estar eliminados. Ayer Pékerman era el jefe, hoy es un inútil.

 

Colombia jugó mal. El plan de José no salió y los jugadores no estuvieron; Barrios no fue el león de Boca, Falcao se comió goles que en Francia haría con las orejas, Cuadrado apenas la tocó. Que tocaba ganar en Venezuela. Sí. Que somos mejores que ellos. También. Que tres puntos nos habrían dejado con pie y medio en Rusia. Seguro. Pero empatamos. Y pudimos haber perdido. El miércoles nos creíamos los mejores y ahora nos tiemblan las piernas. Así esto.

 

Pero paremos un segundo. Contemos hasta diez. Jugamos mal, pero hemos ganado jugando peor. Venezuela, eliminada, pero con el cuchillo entre los dientes, nos recordó que en Suramérica ganar cuesta sangre. Que todos compiten, que ningun partido es fácil, que ser segundo en la tabla no sirve de nada. Podemos mirar para atrás y repasar el parto que ha sido esta eliminatoria. Hoy, a falta de dos partidos, solo Venezuela y Bolivia están matemáticamente eliminadas. Mientras nosotros llorábamos por el empate, en el Estadio Nacional de Chile, Claudio Bravo tuvo que sacarla tres veces de su propia red.

 

¿Y ahora? Ahora nada. Esto está como venía. Jodido. Pero ahorrémonos ese fatalismo tan nuestro. Ganar en Venezuela habría sido ideal. Obvio. Pero ya estuvo, y bien o mal seguimos segundos. Como nos fue bien en el mundial de Brasil y llevamos no sé cuántos años en top 10 del ranking FIFA creemos que ahora esto fácil. Hasta que Colombia se llame Colombia, a nosotros siempre nos va a costar sangre ir a un mundial.

 

Ahora nos toca salir a rasparle puntos a la mejor Brasil de los últimos 10 años, a la Brasil invicta de Tite y Neymar. Qué lindo. Brasil seguramente es mejor, así como nosotros somos mejores que Venezuela. Al final, todo esto desemboca en el Metropolitano. Todo esto para decir que el martes se van a enfrentar en Barranquilla dos selecciones de primer nivel, la primera y la segunda de la Eliminatoria.

 

Nos jugamos la clasificación contra Brasil. Tenemos que ganar y podemos ganar. En un estadio que va a ser un infierno y con los jugadores que tenemos los tres puntos no son una quimera. Dejemos de lloriquear y miremos para atrás. Volvamos al año 2008 y recordemos las lágrimas de alegría de Eduardo Lara tras un empate a cero contra Brasil en el Maracaná. Recordemos a ese equipo humilde y acomplejado para darnos cuenta de lo que somos. Hoy, más allá del juego, del resultado, incluso de los once que estén en cancha, Colombia mira a los ojos a cualquier otra selección del mundo.

 

“Todo es putamente difícil, pero hermoso”, diría Tomás González.

 

Foto:

El País


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