Vamos a comenzar con una frase de un amigo de la casa: “Qué lindo se siente ser la selección que juega bien”.
Fresco, respire y disfrute. Deje que la frase se apodere de su cuerpo 70% agua, 30% guaro y sonría. Vaya al espejo del baño o bloquee la pantalla del celular y mírese sonriendo: usted, también, es colombiano.
Los suplentes son solo suplentes porque la diversidad en nuestro país nos hace una fábrica de talento. Hay que destacar la tarea de Queiroz. Lo vimos hablando con Suarez y Gamero en Colombia y nos gustó. Y eso que nadie lo vio viajando a Bélgica a convocar a John Janer Lucumí, el central de 20 años que rebautizó al Tacuara Cardozo, o a Portugal para traer a un Borja con fuego sagrado que eliminó a Derlis González. Qué señor para saber de fútbol, Carlos Queiroz.
Fue un partido sabroso. Vimos al Cuellar real, el que la gente se tatúa en Rio de Janeiro. Vimos al Díaz que es más caro que la pensión de Fuad Char. Vimos a Falcao en modo papá de los pollitos, recuperando balón y celebrando lejos del gol. Vimos a Cardona, más flaco pero todavía culón para aguantarla y mandarla al área con el globito justo. Y, además, se cumplió un sueño: Crackdona y Jamesito como uña y mugre. Este Colombia quiere jugar. Quiere que en América del Sur se hable del Coloso del Norte.
“Paraguay no tiene nada” “Paraguay jugó horrible”. El pesimismo y el realismo no son lo mismo, y es más, en Hablaelbalon les decimos algo con amor: las cosas no van a cambiar solo porque usted comente “seamos humildes”, “no agrande a los jugadores”, “están echando la sal”, “. Es el momento de empezar a creernos el cuento. Es el momento de dejar de hablar del rival y empezar a felicitarnos. Si el rival no juega bien no es porque durmió mal o comió unos mariscos antes del partido que le sentaron mal. Es porque Colombia jugó bien, y no los dejó jugar.
Es el momento de ser felices.
Vamos señores y señoras, hay con qué. Capaz que no ganamos, pero que nadie diga que no creímos. Es mejor la tusa, que nunca haber amado.










