Así empataron 1-1 Ecuador y Japón y quedaron eliminados de la Copa América Brasil 2019.
Los dos la tenían sencilla. Ganaban y estaban en cuartos. Nada de esperar otros partidos ni sumar goles con los dedos de las manos. “Ni por el chiras estos empatan” pensó más de uno (incluidos nosotros). En el fútbol, sin embargo, dos más dos a veces no es cuatro.
De una carambola Nakajima, el diez travieso de Japón, metió el primero temprano. La noche se le vino encima al Bolillo y los periódicos en Ecuador empezaron a montar los titulares de papelón. Los jugadores, también sintiendo el olor de la guillotina en la espalda, apostaron por la vieja confiable cuando no hay fútbol: ganas y pelotazos.

Cuando a todos les quema la pelota lo mejor es revolear y confiar en ganar por anatomía, no hay de otra. Y como Japón nunca dejó de ser un manojo de nervios atrás, de tanta pelota dividida floreció el olor a gol. No se alcanzó a terminar el primer tiempo cuando en uno de esos centros, sumado a un rebote perdido, Mena, el tímido diez de Ecuador, metió el gol-empate.
Lo del segundo tiempo fue el famoso palo a palo de potrero. En Japón, el Messi con pinta de gamer decidió por fin aparecer y empezó a llevar la cuenta de rivales gambeteados. Ecuador también llegó, a su manera, de a trancazos, pero llegó. Entró el puberto Ueda a seguir comiéndose goles, incluso después del festín que se dio contra Chile. En rebote sobre el final tuvo el gol que los metía, pero supo mandarlo lejos, bien lejos del arco.

Al final la moneda no se decidió por caer de un lado ni del otro. Se quedó paradita, sentenciado las tablas, la eliminación de los dos y premiando a un insólito Paraguay que sigue con vida.
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