Deja de joder, Falcao

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La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón.

 

Sabemos que te encanta jugar, que todavía te desvives por la pelota como cuando eras un niño. Sabemos que –obviamente después del altísimo- el fútbol y las sonrisas de tus niñas son lo más importante. Pero, ven, ¿es necesario que juegues estos partiditos que faltan? ¿Por qué nos condenas a sufrir siendo titular cada ocho días? Si no eres el jugador con más lesiones en el mundo, le das en el palo. Tienes jodidas las rodillas de ambas piernas, el tobillo de la derecha y te dieron un sipotazo en la cabeza que te dejó una contusión.

 

Con la Selección Colombia sub 17, antes de darte a conocer, te molieron los ligamentos de los tobillos y no pudiste ir al mundial de la categoría. Años después, en el 2006 y ya en River, un lunático te reventó el ligamento cruzado de la rodilla derecha. Estuviste ocho meses incapacitado. Luego, el señor te regaló casi diez años de bendición. La rompiste en el Porto, te compraron los españoletes y brillaste.

 

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En tu mejor momento, cuando te ufanabas (con razón) de ser el mejor delantero del mundo, cuando la quemabas cuando se te daba la gana, nos sorprendiste a todos con tu partida a Mónaco. Y, meses después, un profesor de kínder te sorprendió a ti. Reventó tus ligamentos de la otra pierna –la izquierda- y alejó tus celebraciones del mundial. ¿Acaso no has entendido, Radamel? Eres más salado que un litro de agua de mar. Como buen colombiano te pasa de todo.

 

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Es verdad que luego, arropado por Dios, disciplinado, te recuperaste como fiera…  pero te costó sudor y sangre volver al nivel de antes. A los cincuenta mangos por temporada, a hacer un gol en cada tiempo.  En Inglaterra te corrieron y te tocó retornar al Principado, adonde volviste  para callar a todos los que te  querían jubilar (con dedicación especial a Ivan Mejía, qué rico). La volviste a quemar.

 

Sin embargo, así como los goles, los cabezazos y las diagonales salvajes volvieron, las lesiones también. Iniciando el 2016, tus isquiotibiales de la pierna fallaron y viste partidos de Champions desde el hospital. De nuevo a las canchas y de nuevo a la clínica. Te creíste súperman y enfrenaste por los aires a un central que te molió la cabeza de un golpazo. Conmoción cerebral y un mes sin jugar. ¡No joda!

 

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Así que, Falca, “Tigre”, creo que es hora de sentarte en casa, disfrutar de la sonrisa de tus hijas, oír a tu esposa cantarle a papadios y esperar el mundial. Ya la temporada se acabó, no tienes nada más que demostrar. Además, eres el alcalde de Mónaco y si no te han nombrado príncipe es por no haber nacido francés.

 

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Pide un permiso, invéntate una lesión. Dile al paisano Stiven Mendoza que en el partido que viene te ayude para simular una ruptura de lo que sea. Págate una cámara hiperbárica y quédate ahí hasta que José te llame. ¿No te da pesar con él? Una lesión ahora y quién sabe qué le da.

 

Basta ya, Falcao. Para por 6 semanas. Por 46 días.  Entra en cuaresma deportiva. Mira que si existe un Dios, para él sería muy triste tener que verte ver el Mundial de Rusia por T.V. Esto es con cariño, Tigre: deja de joder.

 

Termine con: Camilo Zuñiga: Siempre quise volver 

 

Foto:

Wradio.com


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