El problema es de México

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Mexico perdió contra Jamaica y quedó eliminado prematuramente de la Copa de Oro. El fracaso, sumado a la contundente eliminación contra Alemania B en la Copa Confederaciones, terminó por hacer arder la figura de Juan Carlos Osorio. Hoy es tendencia en todas partes y el estribillo “¡Fuera Osorio! ¡Fuera Osorio! “ es el himno nacional. Nuestro paisano pasa sus horas más bajas, recibe tomates de todas partes, es el epicentro de un sangriento bullying nacionalista a la mexicana.

 

A sus detractores se les olvida que a Osorio lo avalan los números. Punto. Coléricos por los reveses recientes, dejan pasar que hoy su porcentaje de rendimiento es del 82%. Olvidan que el colombiano ha perdido solo en cuatro ocasiones desde que asumió, que lidera en solitario el hexagonal final que tiene a México con un pie en Rusia y que en todas las competiciones que ha dirigido ha superado las campañas de sus antecesores inmediatos. Si “al loco de las rotaciones” lo contrataron para clasificar con solvencia a Rusia, hoy por hoy cumple su contrato.

 

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Periodistas, hinchas y personalidades del fútbol mexicano del tamaño de Hugo Sánchez, con altas dosis de tabasco en sus declaraciones, no olvidan el baño histórico que Chile le dio a México en la Copa Centenario, no perdonan el golpe de autoridad que le dio la Alemania alternativa en la Confederaciones y reclaman su cabeza por su resbalón final este fin de semana a manos de Jamaica. Que Osorio ha sido superado en los partidos de la verdad es su verdad. Su caballito de batalla.

 

Pero vamos por partes. Hay que decir, primero, que entendemos el sentimiento del hincha, el reclamo en caliente, la frustración. En ningún país futbolero del mundo —¡Imaginen en Colombia!— se pasarían por alto una eliminación contra los paisanos de Bob Marley y una goleada por siete ante los ojos atentos de todo el continente. Ambas derrotas son un puñal al corazón del hincha. Además, el sistema de rotación de Osorio –y más en una selección— es complejo, difícil de implementar, para muchos ojos innecesario y legítimamente cuestionable… Pero hay que decir, también, que la reacción es exagerada; y por ser tan ruidosa, colérica y nacionalista se olvida de aspectos fundamentales.

 

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Primero: al contratar a Osorio se sabía de antemano su forma de trabajar y su filosofía  de juego innegociable. Segundo: la Selección mexicana no es un equipo clase A. Ni siquiera clase B. Vela, los Dos Santos, Damm, Herrera, Jiménez, Corona y Lozano hacen un equipo interesante, incluso vistoso, pero no son apellidos para exigirle a un técnico salir campeón del mundo, ni de la Copa América, ni superar sí o sí a la infernal Alemania alternativa. Tercero: No hay en México un entrenador más competente y competitivo que Juan Carlos Osorio. Sabe convivir con la presión, salir de la adversidad y ganar es en él una característica. Rusia debería ser su examen. Contratarlo para eso, verlo cumplir y echarlo antes es un papelón del tamaño del Estadio Azteca.

 

Termine con: tenemos que dejar de llorar con la tecnología y el fútbol. 


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