Se vale estar asustado por Perú

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Antes que nada somos hinchas de la Selección. Ayer nos quitamos la camiseta con el gol de Falcao y mandamos todo a la mierda con el error de Ospina. Y después del segundo gol de Paraguay… Nada. Desde entonces tenemos un nudo en la garganta. Porque que queremos ir a Rusia, queremos organizar asados y tomar aguardiente, ponernos la camiseta y bailar el Ras Tas Tas en la mesa del comedor de algún amigo arriesgado que ponga la casa para ver los partidos.

 

Luego somos periodistas. Cinco optimistas que decidieron montar un medio independiente para proponer una nueva manera de hacer periodismo de fútbol. Antes de la tragedia ante Paraguay, Colombia iba al Mundial; fueron tres minutos en los que vislumbramos un 2018 lleno de ilusión, de pasión y de alegría, los condimentos perfectos y necesarios para demostrarles a ustedes que en Colombia el periodismo deportivo puede ser diferente. Así la cosa, también es un tema profesional, de números y tablas de Excel. Por eso estamos preocupados.

 

Tenemos miedo. Los errores de Colombia nos pegaron duro. El arquero falló lo infallable, el técnico se la jugó y perdió y los jugadores mostraron su cara más inexperta en los momentos que más cabeza fría requerían. Estábamos en el Mundial y ahora tenemos chances elevados de quedar por fuera. Está jodido. Jodidísimo. No va a ser fácil ganarle en casa a un equipo que viene de empatar en La Bombonera, que lleva cinco partidos sin perder y que hace 36 años no va a un mundial. Contra nosotros será un “morir en la cancha”, literalmente.

 

El nerviosismo no está de más. La angustia tampoco. El dolor en el pecho. Las ganas de no hablar. El pesimismo fugaz que nos recuerda por qué nos gusta tanto esta vaina. Todo está justificado. En Lima nos jugamos la vida. Más bien, en Lima un puñado de colombianos se juegan la vida por nosotros. Por los hinchas, por los periodistas, por las empresas, por un país que necesita de ilusión para dar un paso al frente.

 

¿Pero dudar? Por favor no, no dudemos ahora. Miremos la tabla, repasemos la historia y démonos cuenta de que para ir a un mundial hay que sufrir, hay que sudar, hay que perder tontamente con Paraguay y ganar agónicamente en Lima. Con el intestino en la mano, haciendo de tripas de corazón, Colombia todavía depende de Colombia. De James, del Tigre y de ese abuelo sabio y cansado que nos trajo hasta acá.

 

Entonces no nos ensañemos como el resto, como los viejos que se quedaron calvos prematuramente por tanta mala sangre, por tantos malos deseos, por tanta arrogancia. No hagamos lo que hizo Argentina al embestir contra los 22 seres humanos cuyo único crimen es haber nacido allí y jugar mejor que el resto. Juntémonos, y no porque el optimismo vaya a hacer que Falcao haga más goles, que Cardona sea más rápido o que Cuadrado tome mejores decisiones. Juntémonos para disfrutar y para dejarlos trabajar.

 

De todos, ellos son los que más quieren ir a Rusia. Mucho más que los hinchas borrachos y los periodistas miedosos.

 

Foto:

ChileVisión


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