El milagro del Polilla

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NOTA: La opinión de sus columnistas no refleja necesariamente la opinión de Hablaelbalón.

 

El FPC tiene algo especial, quién puede negarlo. A pesar de padecer todos los males que el fútbol puede tener, a pesar de su precariedad indisimulable, tiene un fuego inextinguible. Tiene mística. Semestre a semestre, año a año, alguna extravagancia mantiene el drama y la emoción hasta el final.

 

Para este semestre nos dio el cóctel del genial y excéntrico Juanma Lillo en Nacional y el Junior de los 10 millones de dólares de Comesaña; en un mismo fin de semana los dos dijeron adiós, te vi. Quedan en la pelea el eficiente Santa Fe de Gregorio Pérez, el vitalizado Millonarios de Russo, el Tolima del Zorro Gamero… y el América, el milagroso América del Polilla, que nos obliga a escribir.

 

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Porque este Diablo, para decirlo como lo diría en el bar, sin matices, “no tiene nada”. El que haya seguido su campaña, simpatizante o no, coincidirá con que domingo a domingo se vio la misma foto amarillenta y aburrida. Siempre el mismo juego con nervio y con orden, pero sin imaginación ni gracia: un bostezo de 90 minutos interrumpido por el milagro del gol.

 

Y es que hablar del América que en 2017 se consolidó en la A y que ahora busca estar en la final será recordar todas esas tardes largas, espesas, de “Bejarano y nadie más”, de “Borja y nadie más”; y Elkin Blanco pegando y pegando, y Herner salvando las papas; y Arboleda siempre debiendo; y Botinelli y el Queso Fernández en modo La Gran Estafa, y Ángulo en el banco, y Olmés García controlando siempre mal… ¡La lista puede seguir!

 

Pero hablar de este América será también hablar de un auténtico milagro. Del regreso perfecto de un ídolo que no pudo decir que no. Y que sin tiempo ni jugadores ni margen de error, con el fuego del descenso apareciéndosele en los sueños, a puro pragmatismo y barrio, amor propio y solidaridad, pudo apretarse de manos con el club y devolverle esos años perfectos, de dólares y gloria, por allá en el 92.

 

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polilla

 

Hoy la sonrisa añeja del Polilla sale en todas partes. En Cali se le tiran a los pies. Desde que llegó no sabe qué es perder, hacerle gol cuesta un riñón y ayer derrumbó al imperio de los Char. La embriaguez de la sorpresa en Barranquilla permitirá los espejismos, las mentiras, que harán ver al América como el equipazo que bajo ningún supuesto y en ningún mundo posible es.

 

Está bien. Por esta vez la exageración y la indulgencia se entienden y se justifican. En el fútbol, tan diverso, tan complejo, los milagros se entremezclan: el City perfecto de Guardiola se enfila al lado del América de dientes apretados del Polilla. Con la diferencia de que Pep (y cualquier otro ser racional) con Arboleda, Mosquera, García, Blanco, Botinelli y Fernández hubiera dicho “no gracias, ni loco, paso”.

 

Porque lo conseguido por el uruguayo, de verdad que es un milagro.

 

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Foto: La FM


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