“La Premier no es para Guardiola”

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Para esta primera entrada sobre el fútbol inglés, celebrando el tradicional y único Boxing Day y como una especie de review de la temporada, aunque no es fácil para mí admirar a este equipo (el antagonista tradicional del diablo al que le soy fiel), no tengo otra opción que revisar lo conseguido por los de la mitad azul de Manchester que siguen las órdenes de un celebre catalán. Pues cada fecha que pasa, más asombrado me dejan. Y más envidia me producen.

 

En la historia reciente del City, aún con el gol mítico de Agüero para ganar la Liga y el Why Always Me que hizo celebre a Balotelli, el azul celeste de su camiseta, para muchos, bien podría ser tan solo un estampado de divisas. Hasta que llegó Pep, sus triunfos se entendían como el inevitable producto de una inversión infatigable de unos dueños insaciables. Era, para el mundo, otro equipo de plástico más, sin tenacidad ni coraje.

 

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Entonces, ¿cuál es la diferencia entre este equipo y el de Robinho o el de Negredo o Dzeko? La inversión siempre ha sido alta y la calidad individual de sus jugadores indudable. Es fácil saltar a la conclusión de que la diferencia no está en que Sané y De Bruyne sean mejores jugadores que sus antecesores –aunque actualmente lo sean- sino que el impacto Guardiola ha sido tan profundo que la identidad misma del club está cambiando.

 

El City ya no busca vencer a la fuerza, no se define desde el poderío físico –como en la época de Yaya Touré y el apogeo de Kompany–, y se alejó radicalmente del “todo vale” de Mancini. El equipo de Guardiola ha recontextualizado el tiki-taka que revolucionó el fútbol por allá en el 2009 y ha vuelto a abrir la pregunta de si es posible superar en juego a esa maquina perfecta de Xavi, Iniesta y Messi.

 

En Inglaterra, la prensa, orgullosa de la garra con la que se juega a la pelota en la isla, era escéptica y solía comentar de aquel Barcelona: “Muy bien, ¿pero serían capaces de hacerlo en un martes lluvioso en Stoke?” ¿ Messi y compañía aguantarían un estadio que es una caldera y un oponente listo a entrar más fuerte cada vez? ¿Arriesgarían ellos una pierna, o será que ese tiki-taka que conquistaba el mundo podía ser aplastado por el buldózer que es el equipo promedio de la Premier League? Las mismas preguntas cayeron sobre Guardiola cuando aterrizó en la isla. ¿Sería capaz de imponer su juego lírico en la liga más competitiva del mundo?

 

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El primer año fue de transición, el City lució pero le faltaron un par de tuercas al motor de Guardiola. Esta temporada ya no cabe duda del talento de este meticuloso arquitecto del fútbol. El City sigue invicto en liga: un empate y 18 victorias, 17 de ellas consecutivas, un hito nunca antes logrado. Otra vez, con jugadores pequeños y esbeltos, la filosofía Guardiola se impuso. Otra vez el monopolio obsesivo del balón, los rivales sometidos al imperio de la posesión de Pep.

 

Al Boxing Day el City llega –a pesar de las constantes lesiones– con la mejor defensa de la Liga. Y arriba, Sané, Sterling, De Bruyne y Silva completan otro ejemplar más de estadísticas abrumadores en pases completados, opciones de gol y juego en campo contrario. Este Pep Team, más vertiginoso que su Barcelona, es un mar de juego que asfixia también psicologicamente. Asusta.

 

En Inglaterra el escepticismo se acabó. Martin Keown, miembro de la mítica escuadra de “Los Invencibles” del Arsenal, confiesa que nunca ha visto algo así. Ya no cabe duda de que Guardiola y su equipo lo puede hacer un martes lluvioso en Stoke, o Burnley, o West Brom. Incluso, no tienen problema de vencer a sus eternos rivales –tanto Manchester United como Mourinho-, bajo la nieve y ante casi 80.000 hinchas contrarios atónitos y rabiosos.

 

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Foto:

LaVanguardia


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