Conozca la historia más hermosa de la Selección de Bolivia.
En 1961, cuando conoció que la Conmebol le había otorgado la organización de la Copa América de 1963, el pueblo boliviano supo que era el momento perfecto para dar a conocer la lucha que estaban dando por su mar, su preciada salida al mar. La gente, los políticos y los mismos futbolistas vieron, dos años antes de la Copa, la clara oportunidad de pelear con fútbol, fuego y corazón, el territorio que perdieron en la Guerra del Pacífico con Chile y Perú en 1883.
Entonces, desde todos los ámbitos posibles, la ciudadanía empezó a trabajar. El gobierno mejoró los estadios de Cochabamba y La Paz; la gente, ilusionada, imprimió y repartió papeles en las calles; y la selección entrenó el alma –durante año y medio corrieron 17 kilómetros diarios– para ganarles a todos.
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En el 63, con todo listo, arrancó la Copa y, como era de esperarse, Chile, el enemigo número uno, no asistió. Difícil saber si fue por miedo o por orgullo. Además, Uruguay, campeona actual, decidió ausentarse… “si Chile no va, yo tampoco”, como si estuvieran en bachillerato. A esas bajas se sumó la ausencia de los equipos titulares de Brasil y Argentina, que mandaron selecciones regionales mezcladas con juveniles… “Vamos pero no vamos”.
Así, los participantes fueron: Bolivia, Colombia, Paraguay, Brasil, Argentina, Ecuador y Perú. “Somos los que estamos y estamos los que son” y arrancó la fiesta de rebeldía con un salvaje 4-4 contra Ecuador. Las potencias se perdían la diversión y los mitos originarios, pues fue en esta copa cuando nació la leyenda boliviana del fútbol camachista Wilfredo Camacho: huevos por encima y ante todo.

El balón -el rebelde por excelencia- le sonrió a la nación en lucha. A Colombia le ganaron pujando, a Perú pariendo y a Paraguay bailando con los ‘Tres Mosqueteros’: Blacut, Fortunato Castillo y Máximo Alcócer.

A Argentina le ganaron de viveza, con picardía y en un córner le aplicaron una inyección su propia medicina: desatención, cobro rápido, y chao pelotudo. Luego, le ganaron 5-4 a Brasil con una presentación inolvidable de Oscar Ugarte, el boliviano de todos los tiempos. Y la gente salió a las calles a romper el silencio como las olas rompen en la arena, salieron, empoderados, a gritar fuerte y duro para que los oyera el mar. “¡CAMPEONES!” gritaron una y otra vez, buscando consuelo en el fútbol, disfrutando el título: eran los reyes de todo América.

Si usted es de los que se ríe de Bolivia, quizás es hora de que los vea con otra luz…
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Foto: opinion.com.bo










