La final que lo decidirá todo

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Después de tantos amagues, de tantas veces que casi, pero al final no, Santa Fe y Millonarios nos van a regalar una final capitalina, la primera en la historia de los torneos cortos. Decir que es el partido más importante de la historia para ambos clubes puede ser exagerado. Santa Fe y Millonarios tienen peso en su espalda; muchas estrellas, muchas anécdotas, muchas noches de gloria. Sin embargo, son acontecimientos como este los que definen al hincha. Lo que pase el próximo domingo tendrá un impacto directo sobre la identidad de unos y otros; devastador o glorificador, depende de lo que le toque

a cada cual.

 

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Por muchos años, en Bogotá no pasó nada. Literalmente. Nada. No fueron años, fueron décadas en las que azules y rojos —sobre todo los más jóvenes— se vanagloriaron de títulos que alguna vez celebraron sus abuelos. Ser el más veces campeón o haberlo sido por primera vez era el consuelo, la frase de cabecera. Eso y el hecho de que, por lo menos, la sequía era para ambos.

 

En la segunda década del siglo XXI, aunque los dos se acordaron de lo que era ser campeón, fue de la mano de los mejores años de Santa Fe que el fútbol bogotano volvió a tener algo que decir en Colombia. Los rojos se creyeron el cuento y pasaron de 6 a 9 estrellas. Los azules, con el corazón en la mano, lo miraron todo por TV. Afortunadamente el margen era grande y con todo y que se les acercaban cada vez más, ellos sentían que su historia y sus vitrinas todavía los respaldaban.

 

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Con la final bogotana, entonces, esta historia llega a un punto de inflexión, a uno de no retorno. Lo que pase redefinirá la relación entre estos dos enemigos íntimos. Para unos se trata de confirmar su estatus de grandeza, para los otros de salvarlo.

 

Santa Fe fue por muchos años el segundo equipo de Bogotá. El Campín, siempre medio vacío, fue testigo de una historia dramática que duró 37 años. Menos estrellas, menos hinchas; derrotas, derrotas y más derrotas. En 2010 la llegada de César Pastrana le cambió la cara. En un parpadeo el club se hizo de tres títulos de liga, ganó la Suramericana y empató al Cali como el cuarto club más laureado de Colombia (9 estrellas).

 

Los éxitos de los últimos años, sin duda, lo metieron al grupo de “los grandes” y ganar la final contra Millos terminaría de diluir por completo la sensación de ser el segundo equipo de la capital. Perderla, por otro lado, la perpetuaría. Esta estrella vale por cinco para el Rojo.

 

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Mientras tanto, los fracasos y la crisis institucional se parquearon como una nube negra sobre Millos. A pesar de los esfuerzos, de algunas buenas campañas, la final les fue esquiva. Además, en lo que dura un estornudo Nacional los superó en estrellas y Santa Fe consiguió un título internacional. La grandeza propia, así no guste, se mide en relación con la de otros y, de repente, los árboles vecinos se le comenzaron a crecer a Millos.

 

El estigma de una final pérdida con el rival de patio sería una cicatriz honda, una aceptación tácita de que Santa Fe ahora sí lo mira a los ojos. Olvidarse de eso de “ser el papá”. Ganarla, en cambio, no solo significaría mantenerse en la carrera con Nacional y seguir sintiéndose más que Santa Fe. Sería también culminar una etapa de transición y, de la mano de Russo, afianzarse sobre un proyecto deportivo serio y exitoso. Dejar atrás los fantasmas.

 

Bogotá está nerviosa. Se siente. Hay mucho por ganar y demasiado por perder. Es la primera final bogotana y seguramente no será la última, pero de aquí a que se repita pueden pasar muchos años. El que la pierda cargará una cruz.

 

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Foto:

Futbolred / FronteraInformativa

 


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