4 razones para querer con toda el alma que pierda Nacional

6253

Compartir artículo:

La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón. 

 

Antes de leer (insultar y maldecir), quiero dejar claro  que aunque quiero con todas mis fuerzas que el verde pierda esta final, no puedo esconder mi admiración, impotencia y envidia por el club de Ardila Lulle.

 

1. Por simple renovación

Sí, ya sé que parece un argumento vacío, típico de los mediocres o acomplejados que siempre quieren ver al gigante caer por el simple hecho de ser gigante. Quizá. Pero nadie me puede negar que a este fútbol de emociones contadas, que aún defiende el alcahueta sistema de los ocho, no  le viene muy bien una renovación.

 

dayro_macnelly_campeon_jpg
Sería el cuarto título de Dayro, el octavo de Macnelly. Foto: Futbolred

 

Si con el sistema actual es difícil que los hinchas -incluso los de Nacional– se comprometan con sus equipos y llenen –jaja- los estadios, imagínense qué va a pasar si Nacional sigue haciendo de la Liga Águila su bundesliga. De los últimos 10 torneos cortos, los verdes se han ganado 6. Ya está bueno.

 

Lea también: Así le dan palo a Osorio en redes mexicanas 

 

2. Porque Gamero es un putas 

 

Con su hablado lenguisopa, y su estilo frontal, sin pretensiones ni arribismos, el profe Gamero es la mejor cara del folclore de nuestro fútbol. Va con el pelo suelto, está lleno de pulseras, habla sin complejidades y no hace del fútbol una ciencia oculta; pero no negocia el trabajo y es un tipo muy preparado que desde hace 10 años, cuando salió campeón con el Chicó, ha estado ahí, compitiendo, complicándole la vida a los grandes.

 

gamero_alberto_editorial_tolima_22_05_2018
Este es el Rey Midas. Foto: Rincón Vinotinto

 

Además, ser  campeón en esta,  su mejor temporada desde que grita desde los banquillos –con más de 63% de rendimiento  con un equipo alegre y atrevido– sería, por un lado, una gran recompensa a su aguante y recorrido; y por otro, una deliciosa revancha contra el Junior de Barranquilla, que menos de un año atrás lo supo echar como a un perro.

 

Aguante al sonero.

 

También le gusta: El caso Paolo Guerrero para no abogados 

 

3. Porque este Tolima es generoso 

 

Para que los equipos medianos como el Tolimita no caduquen. Para que sus dueños –ojo senador Camargo– no se den por vencidos y sigan metiéndose la mano al dril con el propósito de consolidar proyectos sostenibles y robustos, tienen que haber resultados. Eso es así. Sin gloria no hay marrano que aguante. 

 

pekerman-for-carpinteria

 

Así que sería catastrófico que este Tolima –no recuerdo uno igual en calidad y amplitud de nómina–, sea sometido por el imperial Nacional. Aunque nombre por nombre el equipo de Almirón se oye más fuerte  –qué mamera Dayro, siempre Dayro–, competir con Villa y Albornoz por las bandas, Ángelo Rodríguez en modo Suárez, el veneco Orozco en nivel Seijas por la mitad… y Cleider, Carrascal y Marco Pérez de suplentes, es un lujo que solo es posible porque en Ibagué se la jugaron por el equipo e invirtieron.

 

 

Ojalá que ganen para que la caja le cuadre al Tolima, y entonces no pase lo de siempre: adiós Villa, adiós Albornoz, adiós Ángelo, adiós Montero… y borrón y cuenta nueva.

 

4. Porque es el equipo más alegre 

El Nacional de Almirón, quién lo puede negar, ha cumplido con todos sus objetivos: se clasificó a octavos de final de Libertadores como primero de su grupo, salió primero en el todos contra todos, y ahora está en la final.

 

Peeero, desde el ojo subjetivo del hincha, aunque Almirón es comprometido con el balón y lleva como mantra ser el protagonista del juego, y Castellani es un recrack y Bocannegra de central ha sido la gran revelación, la verdad es que veo más fuego, alegría y dinámica en el equipo de Gamero.

 

Tolima_Final_Liga_Águila
¿El mejor Tolima jamás? Foto: RincónVinotinto

 

Hay más vitalidad y sorpresa en las transiciones rápidas del Tolima que en el monopolio, muchas veces sin sorpresa, de Nacional. Hay más fuego en Sebastián Villa que en Lenis, y este Albornoz, si se revela, puede por esta vez estar a la altura de Vladimir. Rentería, el 7, es un jugador que contagia, y el Venezolano Orozco –¡jugando detrás del punta|–, hoy por hoy me excita más que Macnelly Torres.

 

Además, como si fuera poco, Ángelo Rodríguez cierra el torneo mirando a los ojos a Dayro y Montero, humilde, silencioso, merece la gloria.

 

Termine con: Así quedaron los cruces colombianos en Sudamericana y Libertadores 

 

andres-inmortal-carpinteria

 

Foto:

elescenariodelosclasicos.com


Lo más leído