Fútbol de Barrio: El sabio

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En estas historias, producto de las rondas por los barrios bogotanos que hace el escritor Nicolás Peña, ficción y realidad se juegan un cotejo. Y entonces aparece el Fútbol de Barrio con sus personajes. 

 

El filósofo del balón. El loco. Siempre está rodeando la cancha. Detrás de los arcos, en la sombra del árbol más cercano. Siempre fuma cigarros por la mitad que encuentra en el piso, y habla con el viento y con el humo. Siempre lleva su almuerzo dentro de una bolsa, y se sienta a comer y a hablar, ahí, con la silla. Todos lo saludan, y él saludo a todos, pero no reconoce a ninguno. Lleva el mismo traje, gris, y unos zapatos de cuero sucios. Grita, llora, sonríe y empieza a darle vueltas al parque. A veces sale corriendo y en pleno juego patea el balón, le dice al árbitro que no joda, en un lenguaje que pocos entienden.

 

Otra historia de Barrio: Gutiérrez. 

 

 

Cuando alguien hace gol, salta, salta y se arranca el pelo. En otro tiempo fue entrenador. El sabio, le decían, ahora el loco, como si hubiera mucha diferencia o ninguna. Entrenaba con un pequeño equipo profesional que nunca alcanzó a ganar pero siempre se mantenía en la mitad de la tabla. El sabio era famoso por su silencio, su tranquilidad, “pero a veces se le estallaba la pepa y la cogía contra todo el mundo”. Le gustaba el juego corto, la pared. “Mucho ejercicio físico. Repetir juegos de coordinación. Decía que tocaba tener la mente clara”.

 

Otra historia de Barrio: Hernán y el Pitufo

 

 

Dicen que fue por la muerte de un jugador. Sí, así empezó. Roberto, el hijo de Carmenza la vecina. Pecoso, flaco, no parecía un jugador. Buen recuperador y distribuidor. Ágil. Entrenaba con él, se hicieron amigos, y un día lo mataron. Dos balazos, mientras entrenaban, frente a él. El sabio no volvió, se quedó en un limbo, olvidado. El fútbol es lo único que a veces lo mantiene con vida, al menos eso creen los vecinos de La Esmeralda. Porque cuando no está en el parque, está en el vicio. Y no vuelve en varias semanas. De sabio a loco, de loco a sabio, da lo mismo. Javier todavía comparte algo de lo que le queda en el mundo, y en las tardes, cuando no está entre las pipas y las voces, se sienta a almorzar y a mirar el balón rodar, mientras una y otra vez inhala y exhala a cada uno de sus demonios.

 

Termine con más Fútbol de Barrio: John Alias ‘Ojo Loco’. 

 

Foto pror: José Fernando Bueno


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