No queremos más Memes haciendo periodismo

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La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón.

 

La Roma eliminó al Barcelona y Messi, ciertamente, no jugó el partido de su vida. Estuvo deslucido, como el resto de sus compañeros, pero especialmente a él, por ser el mejor, se le puede recriminar el ausentismo. La vara con la que se le mide inevitablemente es con la de Cristiano Ronaldo, que en paralelo sometió él solito a la Juventus… La comparación es tan obvia que ya es aburrida.

 

 

Entonces, así su tono prepotente pueda indicar lo contrario, Jorge Bermúdez  no descubrió nada. Su video es la reproducción audiovisual de lo que nos vienen contando desde hace como dos años todas las páginas dedicadas al meme. Pero resulta que Bermúdez —así parezca uno— no es un meme sino un periodista.

 

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Como él, periodistas hay muchos y de infinitos estilos. Los hay sosegados y agresivos, constructivos y destructivos, buena onda y mala leche, cada cual construye su personaje y cultiva una audiencia que se afilia o no a sus formas de hacer periodismo. ¿Pero qué es hacer periodismo?

 

Twitter ha llevado todo al límite. El análisis, la argumentación coherente, la información veraz, los valores del buen periodismo han sido remplazados por  los atajos baratos, el populismo tonto y el “todo vale con tal de ser viral”. Hoy basta con salir a decir con tono pendenciero y burlón que Messi arrugó y que arruga muchísimo más que Cristiano Ronaldo para “hacer periodismo”.

 

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Y no escribo esto por el hecho de estar en desacuerdo con su punto de vista. Cualquier opinión bien sustentada deber ser legítima y justamente lo que esperaba del tweet de Bermúdez era que me contara sobre esas veces en las que Messi no pudo ser determinante; que hiciera un paralelo estadístico entre los dos; o que me sustentara, ya fuera con algún número revelador o con un concepto cualitativo bien desarrollado, cómo Messi se desaparece en las grandes citas. Esperaba, en todo caso, algo más que la repetición compulsiva de un término tan vago como “arrugar” y mucho más que la explicación patética de que Messi no es un dios sino un humano común y corriente con un talento superlativo. (Gracias, Faryd).

 

Cada cual escoge sus formas y moldea sus opiniones y al final Twitter nos recibe a todos por igual. Personalmente creo que esto es una degradación grotesca de la figura del periodista deportivo y me entristece que las nuevas generaciones sigan ligadas al populismo circense, y nada más, para tener repercusión. Y que les siga funcionando.

 

 

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