La historia de amor de Buffon y el Tino Asprilla

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Los colombianos tenemos la memoria corta, muy corta. Hoy, ante el abrumador éxito de nuestros jugadores en Europa, nos olvidamos de que fue el ‘Tino’ Asprilla el primero que cruzó el charco y puso la bandera de Colombia en lo más alto.

 

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Fausto, un niñito potente y acelerado, salió de Atlético Nacional directo para Europa. Llegó al Parma, un equipo que tenía de ímpetu lo que le faltaba de títulos e historia, y que, aunque llevaba solo dos temporadas jugando en primera división, ya estaba dando de qué hablar en Europa. Era 1992 y Asprilla tenía apenas 23 añitos.

 

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A raíz de la llegada de Faustino al Parma, los canales de televisión colombianos decidieron empezar a transmitir el fútbol de Italia. Y, entonces, el Parma pasó a ser lo que hoy representa el Bayern Múnich –y antes de este el Madrid, el Atlético y el Porto–: el equipo no colombiano de los colombianos.

 

Quizá el momento más recordado, el clímax, la cumbre, el orgasmo, fue aquella Copa UEFA de 1995, el primer gran título internacional conseguido por un colombiano. Muchos recuerdan todavía, con lágrimas en los ojos, aquel equipo dirigido por Nevio Scala: el argentino Sensini en defensa, el furioso Dino Baggio en el medio y el temible tridente de ataque conformado por el sueco Tomas Brolin, el propio ‘Tino’ y el mágico Gianfranco Zola.

 

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El Tino junto a Zola. Qué foto. Foto: @tinoAsprillaH

 

Juventud, talento, ímpetu: el Parma lo tenía todo para conquistar Europa y afianzarse en la Serie A. Pero después de ese gran título, vino la inevitable resaca. El ‘Tino’ había empezado a cosechar escándalos desde su primera temporada –muchos recordarán ese episodio bizarro en el que Faustino se rompió por agarrar una buseta a patadas–;  y en el 95 batió su propio récord: disparos al aire, demanda por alimentos y una serie de declaraciones contra la directiva parmesana, que le valieron una multa de millones de euros.

 

Fue entonces cuando en Parma dijeron “basta”. En medio de la 95/96, el mensaje fue claro: “listo, como querás, largate en enero” …

 

Pero justo antes de que Faustino hiciera las maletas, tuvo un encuentro que le dio un giro definitivo a la historia del fútbol.

 

Era noviembre y Fausto, que no había jugado ningún partido en la temporada, sabía que su futuro estaba en otro lado. El técnico lo mandó al banco, más por cábala que porque pensara ponerlo: Parma recibía al Milan y si alguien sabía cómo vulnerar al Rossonero era precisamente Asprilla. No fue el caso, el ‘Tino’ fue un espectador más. Uno de los privilegiados que presenció el debut de un tal Gianluigi Buffon. Un niño de ojos verdes y guantes de seda, que tapó todo lo que le tiraron esa tarde en el Ennio Tardini. La cara del ‘Tino’ lo decía todo: “vé, si a este pelao lo aconsejan bien, va a llegar muy lejos”.

 

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Buffon en su primera temporada. Foto: goal.com

 

Pero siguieron años agridulces. Faustino se fue a Newcastle y le siguió jalando al cóctel de actuaciones memorables mezcladas con escándalos y lesiones. Buffon, por su lado, se quedó en Parma y se afianzó en la titular, pero el equipo no pudo levantar ningún trofeo en sus primeras dos temporadas y muchos empezaban a señalarlo como el responsable. Todo parecía indicar que el ‘Tino’ se había equivocado (otra vez) al pensar que ese pelaito de ojos verdes que había conocido en Parma iba a convertirse en leyenda. “No hay quién lo aconseje”, pudo haber pensado el ‘Tino’, creyéndose él la mata de la sabiduría. Y quién sabe, a lo mejor tenía razón…

 

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En invierno del 97, dos años después de que Fausto abandonara Italia, también en Newcastle se mamaron de él. No tuvo, entonces, más alternativa que volver a Parma, en donde contra todo pronóstico lo recibieron con los brazos abiertos. El ‘Tino’ llegó con la responsabilidad de levantar al equipo que ahora dirigía Carlo Ancelotti, pero las lesiones lo acosaron y no pudo ayudar en nada. Parma terminó sexto y eso le costó la cabeza a Carletto, que fue reemplazado por Alberto Malesani.  Aunque la prensa señalaba a Buffon y Asprilla, el nuevo cuerpo técnico les dio confianza; Gianluigi mantuvo la titular y el Tino, que ya tenía las rodillas hechas polvo, se convirtió en uno de esos suplentes asesinos que tanto gustan en Italia.

 

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Faustino y Gianluigi se acercaron. Realmente no se sabe quién aconsejaba a quién, pero la amistad surtió efecto. Acompañados por una nómina inolvidable, que contaba con Fabio Cannavaro, la ‘Brujita’ Verón, Hernán Crespo, Alain Boghossian y Lilian Thuran, entre otros sobrevivientes del ciclo pasado –Sensini y Dino Baggio–, lograron devolver al Parma a la cúspide del fútbol europeo. Otra vez el clímax, la cumbre, el orgasmo: el Parma levantó la Copa UEFA de 1999.

 

El primer gran título en la carrera del joven portero resultó ser el último de Faustino, que con 30 años parecía acabado. Hoy puede que muchos no se acuerden. Puede que el Parma esté, para casi todos, metido en un cajón. Pero seguro que este par lo tiene presente y seguro, segurísimo, que Faustino llamará a ese pelaito de ojos verdes que vio debutar una tarde desde el banco y va decirle: “vé, como que tenía razón y te convertiste en un grande”.

 

Termine con: En defensa de Stefan Medina

 

Foto:

Americatv.com


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