Nacional: ya no más experimentos

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pate El Aldo mundialista

Es una buena noticia ver a Aldo Leao jugar así. Todos sabemos que su comprensión del juego es cabal, que va por la cancha con un GPS, pero hace rato pedíamos esta versión. Esta noche, desde muy temprano, se le vio ligero, suelto, atrevido para regatear y como cerebro principal del  equipo.

 

Con Loaiza como perro de caza, el samario tuvo libertad para soltarse, apareciendo incluso más adelante que Macnelly ( lo de Lillo es un caos organizado que por lapsos funciona muy bien). Quizá es una afirmación apresurada, generada por el impulso del momento, pero verlo a Aldo así, desequilibrante desde la idea y desde la gambeta, intuitivo para anticipar, socio de todos, da para pensar en ese segundo volante que a Pékerman le da dolor de cabeza. ¿Y si Aldo se despide de la selección sublimemente en Rusia?

 

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Gamero Fútbol Club

Uno puede anhelar más volumen ofensivo en los equipos de Gamero. Menos pragmatismo y más juego. Puede pedirle que arriesgue un poco más, que de local patee la pizarra y adelante las líneas. Sí, todo eso.

 

Sin embargo, no deja de ser sorprendente su facilidad para complicar, a grandes y chicos. El Tolima de hoy, con tres volantes en la mitad –para buscar reducir el monopolio habitual de la posesión del verde– y dos extremos (lo de Sebastián Villa fue para aplaudir),  con poco, enredó mucho. La propuesta vertical y vertiginosa de Gamero, que prescinde de la elaboración, exige concentración total y  cobra caro cada error (pregúntenle a Aguilar en el penal).

 

Además, el nivel de Ángelo Rodríguez fue magnífico. Qué fuerte, qué intenso, que jodido delantero (el penal errado fue una canallada para una de las figuras del partido).

 

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Sin Dayro no hubo fuego, ¡y Lucumí debe estar! 

Este Nacional, y esto no es para excusar a nadie, tiene la peor nómina en años. Mejor que el resto, quizá, pero muy inferior a lo que nos tiene acostumbrados. Hoy, ver en el once inicial a Nieto y a Arlery Rodríguez (ambos de un partido pobrísimo) fue prueba de esto.

 

Y entonces, con la ausencia obligada de Daryo Moreno (después de Armani, el jugador con más partidos del equipo en el año), el campeón careció de fuego. Aunque tuvo a un Luis Carlos Ruiz tremendo, rompiendo de afuera hacia adentro, sorpresivo siempre, el hueco de su goleador se hizo un abismo tenebroso.

 

En la noche de hoy, no nos engañemos, desde el juego, volvimos a ver un monopolio verde. Nacional fue el dueño del balón y puso el tempo y el sentido, pero sin su punta de lanza, y con esa forma de sufrir en las transiciones rápidas del Tolima, se volvió a mostrar como un equipo mortal, vulnerable y falible.

 

En Medellín, les apuesto, veremos un monopolio verde del balón aún mayor y a un Tolima haciendo daño buscando el espacio. En Dayro están todas las esperanzas para traducir dominio en fuego.

 

PD: si yo fuera Lillo, lo digo con humildad, para la vuelta evitaría experimentos (nada de Bocannegra de extremo izquierdo, nada de Nieto flotando ni de Arley de falso nueve). Lucumí – que hoy en 20 minutos hizo más que Nieto y Arley juntos y que en versión eléctrica recuerda a Ibarguen– Dayro y Ruiz deben ir desde el vamos. Se acabó el margen de error.

 

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