Lo que aprendí de la muerte de Astori

1461

Compartir artículo:

La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón.

 

El fútbol me ha enseñado muchas cosas. Me sería imposible listarlas todas, pero la enseñanza que me dio esta semana, perdónenme que lo ponga en estas palabras, fue muy hijueputa.

 

formato-cuadrado-pibe-b-v-2

 

Vea, yo no conocía a Davide Astori. Es más, seguro lo había visto jugar, pero hasta la semana pasada –cuando amaneció muerto en su habitación– no puedo decir que lo tuviera en el mapa. La reacción de sus amigos, sin embargo, me llevó a cuestionarme qué es lo que nos deja el fútbol. Si estos episodios no nos llevan a reflexionar en torno a la amistad, por ejemplo, puede que todas las horas que le dedicamos a la pelota —a verla, a jugarla, a leerla— no valgan de nada. Todavía me niego a creer que algo que consideramos constitutivo de nuestra identidad, al final, se reduzca a un entretenimiento vacuo.

 

Lea también: Los ojos de Medusa, un cuento sobre la muerte de Marc Vivian Foe

 

Leí la carta que le escribió Ricardo Saponara, su compañero entrañable, y no pude evitar pensar en mis propios amigos. Mierda, me dije, los amigos también se mueren; empacan las maletas y se van sin avisar. Saponara se quedó esperando a que su amigo bajara a desayunar y le preguntara cómo iba. Se quedó esperando. Astori nunca bajó. Esa carta es de lo más desgarrador que he leído en mucho tiempo, me tocó las fibras más profundas. Por eso me sorprendió que ayer, el día de su funeral, el mundo fútbol se ocupara del fracaso estrepitoso del PSG y no le sacara ni un momentico a ese testimonio tan humano sobre el dolor y la amistad que fue la despedida de Astori. Luego, inmediatamente, entendí que así funciona el espectáculo, entendí que contra el glamour de cualquier cosa parecida a la Champions ya nada compite. Nada.

 

Hoy no hace falta mucho para creerse (¿ser?) un experto en materia futbolística. Cualquiera puede enterarse de absolutamente todo lo que sucede en el planeta fútbol; le basta con bajar la mirada a su pantallita y dedicarle un par de horas a ver cuanto video y cuanto artículo se le atraviese en redes sociales. Me dolió muchísimo pensar en todos esos “expertos”, sentados en el baño con los pantalones abajo, pasando indiferentes por encima de las imágenes de Chiellini llorando en el funeral. “Esto no es fútbol”, dirán, “además, todos los días se muere gente”. Y sí, a lo mejor tienen razón, la cuestiones sobre la vida y la muerte ya no nos ocupan a los aficionados del fútbol. El balón se hizo insensible: entre tantos videos y tantos traspasos, entre tanto Instagram y Facebook, ya no queda espacio para lo demás. Ya no se vale irse de “profundo” y reflexionar.

 

James Rodríguez

 

No quiero ser moralista, ni tampoco pretendo decir que el fútbol no sirve para nada. Todo lo contrario, empecé diciendo que la pelota me había dado mucho y tal vez lo más importante que me enseñó fue el valor de la amistad. Piense un momento, usted, en ese amigo que le devolvió una pared cuando tenía el campo libre para patear. Piense ahora en el amigo que fue a darle la mano después de que el lateral contrario lo revolcara de un patadón. Y en el amigo que sacó la pelota de la raya para salvarlo. Piense usted en el amigo que le dio un golpecito cariñoso en la espalda después de que un error suyo les costara el campeonato. Ahora piense, por último,  en ese amigo e imagine que se le va para siempre.

 

No se vaya sin leer: En memoria del Carepa y Giovanni

 

En solidaridad con todos esos amigos que están llorando a Astori, en honor a todos esos amigos que ya no están, les propongo un minuto de silencio. Un minuto sin Champions, sin Europa League, sin Libertadores, sin FPC… un minuto nada más. El fútbol tiene que servirnos para esto, si no estamos perdiendo el tiempo.

 

Ciao Davide, buen viaje.

 

Foto:

Twitter


Lo más leído