Las pataletas del 10 en Colombia

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La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón 

 

Después de otra telenovela, Macnelly arregló su continuidad en Nacional. La misma historia de siempre: el técnico le dice al jugador que no cuenta con él, la directiva le muestra la puerta de salida, el jugador coquetea con otros clubes… tras una semana de titulares y verdades a medias, de pedidos de la hinchada y caos mediático, el jugador anuncia que continúa en el equipo. Como quien dice, aquí no pasó nada. La cuestión es que sí pasó y pasa algo muy curioso; en Colombia nos cuesta enormemente desprendernos de los jugadores habilidosos.

 

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Vale, puede que sea un fenómeno latinoamericano. El ‘10’ es una denominación exclusiva de este lado del charco; en Europa no lo comprenden, son ciegos ante el talento de esos jugadores que no corren porque hacen que el balón corra por ellos.

 

Más sobre la novela de Omar y Seijas en Santa Fe 

 

Ejemplos hay muchos, el ‘Pibe’, Román, Ganso… la lista sería interminable. El ‘10’ está tan arraigado en nuestra cultura futbolera, que todo equipo, desde la Selección hasta las escuadras de barrio, busca hacerle un hueco al enganche. “Es verdad que no corre ni marca”, dicen, “pero tiene un pie bendecido”. Tienen razón.

 

Qué bueno que el ‘10’ sea un sello latinoamericano, acaso la esencia de nuestra identidad futbolera, pero al mirar la cuestión un poco más a fondo sale a flote que no todo es color de rosa. Por ejemplo: los enganches llegan hasta los cuarenta, calvos y panzurrones, y le roban la oportunidad a jóvenes talentos.

 

Mayer Cándelo se retiró en el Cali a los 40, en diciembre pasado. Néider Yesid Morantes hizo lo propio a los 41, jugando para Boyacá Chicó un año antes. Omar Pérez, en contra de toda lógica, acabó de firmar un contrato por un año con Patriotas (¿Por qué no te retiraste, Omar?). Parece un pelaito al lado de los demás, cumplirá 37 en marzo próximo, pero el caso del argentino sirve para ilustrar perfectamente la problemática situación de los ‘10’ en nuestro fútbol.

 

Más razones para pensar en matar al 10

 

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Foto: Futbolred

 

El 19 de marzo de 2016, Omar informó de su salida de Santa Fe, por diferencias con el técnico Gerardo Pelusso. Después de una noche de titulares y verdades a medias, de manifestaciones de la hinchada y reculadas de la directiva, se informó que Pérez continuaba en el equipo, al tiempo que Pelusso, el técnico responsable del primer título continental del equipo, anunció su renuncia irrevocable.  La famosa telenovela del 10.

 

Omar Sebastián se quedó por casi dos años más y le regaló al Rojo lo mejor de lo que le quedaba (eso creíamos). Salió campeón, contribuyendo como recambio, y hace un mes informó que no seguía más; nos dejó esperando por su retiro perfecto con la camiseta del equipo más importante de su carrera y se fue para Tunja, a terminar de exprimirse los huesos en Patriotas.

 

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Los ‘10’ son adorados por la hinchada, casi que tienen la potestad de poner y quitar técnicos, y parece que se aprovecharan de eso para amañarse en los equipos o para irse sin ninguna consecuencia. Solo lo pueden hacer acá, en Europa los miran feo. Talentosos como James tienen que adaptarse, cambiar su fútbol, aprender a marcar y tirarse a las bandas, si no quieren terminar como Juan Fernando Quintero (que no pegó en Italia ni Portugal ni Francia).

 

En esta parte del mundo hacen y deshacen a placer. ¿Deberíamos dejarlos? ¿Es normal que Macnelly y la hinchada verde fuercen la continuidad del volante, a pesar de la opinión del técnico? Creo que hay que establecer ciertos límites y la responsabilidad es de todos, hinchada, directivas y jugadores. No es normal que tengan más poder que los técnicos. No es normal que jueguen, calvos y panzones, hasta los 40. ¡No es normal! Está bien que el ‘10’ sea un símbolo de nuestra identidad futbolera, pero pasa que parece estarse convirtiendo lentamente en un símbolo de nuestro estancamiento. Hay que seguir creciendo.

 

Termine con: La última petición a Omar 

 

Foto:

Goal


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