A Millonarios todavía le hace falta un conductor

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El partido de ida de la Superliga entre Millonarios y Nacional no fue un gran partido, pero dejó conclusiones interesantes.

 

Millos es un equipo compacto

 

No es lo habitual. En Colombia lo normal es que el equipo que salió campeón el semestre anterior arranque la temporada con un equipo deshuesado. No fue el caso de Millos. Ovelar y Faríñez fueron las únicas novedades.

 

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La idea también fue la misma: un 4-3-3 con tendencia al 4-5-1 en la fase defensiva. Domínguez cabeza de área, Duque y Macalister de interiores; de extremo por derecha estuvo Ayron, por izquierda Mosquera y en punta Ovelar. La defensa, la de siempre: Palacios, De los Santos, Cadavid y Banguero.

 

Un equipo aguerrido, solidario y muy ordenado sin el balón. En defensa fue solvente, presionó arriba la salida de Nacional y siempre recuperó el balón en la mitad. En el primer tiempo se impuso con categoría, en el segundo bajó la intensidad, pero nunca sufrió.

 

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La idea de Almirón

 

A diferencia de Millos, Nacional salió con un once que seguramente no será el Clase A. Almirón salió con un popurrí de jugadores que nunca habían jugado juntos y quizá por eso el 0-0 de visitante fue mucho premio.

 

Para el que vio al Lanús del Almirón, lo que mostró Nacional no fue sorprendente. Un 4-3-3 diseñado para herir por las bandas. El movimiento en la salida siempre fue el mismo: Henríquez y Cuesta, los centrales, se abren; Loaiza, el volante central, se mete entre ellos; y ambos laterales, Velasco y Helibelton abren la cancha y se adelantan para recibir casi en la mitad.

 

Tácticamente el movimiento se vio, pero la imprecisión de todos los intérpretes hizo imposible que el equipo funcionara. Aldo y el joven Jorman Campuzano (que es MUY interesante) jugaron por delante de Loaiza, pero fueron incapaces de combinar con los extremos y los laterales largos. Arriba, Dayro pasó desapercibido.

 

La falta de ritmo, la imprecisión y el esfuerzo gigante que hizo Millos para controlar a Nacional hicieron que el debut de Almirón fuera pálido. Faríñez pudo haberse acostado a dormir: la única opción de gol fue de Lucumí al 88.

 

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A Russo le hace falta un faro

 

Lo mejor que hace este Millonarios campeón es desactivar al rival, pero uno vez lo logra, sufre mucho para hacer daño. Y sufre porque no tiene un jugador que lidere el ataque, un volante que sea el faro, que junte a sus compañeros alrededor del balón y juegue hacia delante.

 

Macalister tiene un rol muy táctico y si Mosquera está mal —ya lleva varios meses mal— no hay un jugón. Duque es el mejor jugador del equipo, corre, quita, raspa, es un ‘mostro’, se merece cada ovación, pero, así las dos más claras de Millos hayan salido de su pie derecho —luego de dos recuperaciones geniales en campo contrario—, hay que reconocer que no es un volante ofensivo.

 

Por eso llegó Montoya, y cuando entró, si bien no mostró su mejor cara, dio la sensación de ser el diferente. Ya veremos qué se inventa Russo para hacerle un campito.

 

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Foto: losmillonarios.net


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