Andrés Botero y las decisiones que tumbaron a Nacional

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La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón.

 

La derrota frente a Millonarios en la Superliga (el torneo más importante del verano pero el menos trascendente del año) fue en todo caso un trago amargo. Ver a los azules profanar el Atanasio fue humillante, pero más allá de eso, la amargura hoy se presenta como un buen aliciente para reflexionar sobre el momento que vive el club y las decisiones que nos trajeron hasta acá.

 

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La reciente debacle de Nacional comenzó desde el momento en el que el presidente Juan Carlos de la Cuesta renunció (o lo hicieron renunciar) a su cargo. Entonces la cabeza del club quedó en manos de Andrés Botero, que venía de presidir Coldeportes, de donde tampoco salió exento de polémicas, pues a los logros deportivos que se consiguieron durante su administración se sumaron algunos escándalos administrativos. Desde el día en que asumió al frente del Verde hasta el día en que se fue, el gobierno de Botero fue una concatenación de errores.

 

La primera decisión equivocada de su gestión fue el despido de Reinaldo Rueda. Según Botero, el profesor Velasco, preparador físico y compañero de mil batallas de Rueda era anticuado y tradicionalista, y que si Nacional quería consolidarse como un gran club en Latinoamérica debía hacerse con los servicios de un preparador más “moderno”. Vaya uno a saber qué entienden este señor y sus asesores sobre preparación física…

 

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Reinaldo y su staff, entre llanto, y luego de forjar una de las etapas más gloriosas del club, dijeron adiós. La jugada maestra para reemplezarlo fue traer a Lillo, poeta y maestro en el arte de analizar el juego, pero con falencias insalvables a la hora de mostrar resultados y con una idea de juego radicalmente distinta a la del DT saliente. Junto al español llegaron contrataciones sin el nivel para revalidar el título de Libertadores y seguir dominando el fútbol colombiano.

 

Reemplazar a Dávinson Sánchez, Sebastián Pérez (Volvamos a hablar de Seba Pérez), Miguel Borja, el ‘Lobito’ Guerra, Alexander Mejía, Faryd Díaz, Marlos Moreno (¿dónde está?), Orlando Berrio y compañía era un misión titánica que requería de un estudio serio y sesudo de las opciones que ofrecía el mercado. Gorka Elustondo, Gustavo Torres, Christian Mafla, Raúl Loaiza, Andrés Rentería y Jeison Lucumí estuvieron muy por debajo de lo que se le exige a un jugador de Nacional.

 

El equipo que cayó eliminado en cuartos de final de la Liga contra un Tolima combativo pero muy limitado nunca tuvo una idea clara de juego. Además, por fuera de la cancha, dirigencialmente hablando, faltó liderazgo, faltó conocimiento y nunca se vio la más mínima intención de dar un timonazo.

 

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Desaprovechar un centro de rendimiento tan imponente como el de Guarne con un cuerpo técnico improductivo y jugadores que no están a la altura de las pretensiones es un síntoma de que la gestión no anda bien. La reacción del hincha, obvio, no se hizo esperar. Por aburrimiento, y en intentó de llevar a cabo una protesta silenciosa, el Atanasio habló: el promedio de asistencia al estadio cayó de 30.000 a 15.000.

 

Después del fracaso de Lillo, al ver que Botero sacó la chequera para contratar a un técnico de quilates como Jorge Almirón, nos volvimos a ilusionar. Luego anunciaron la llegada de Gio Moreno y por unos días todo fue éxtasis. Pero nada. Todo fue un runrún mediático para ocultar las críticas y la sombra que comenzaba a tapar la cabeza de Botero. Las promesas incumplidas agotaron la paciencia. Gio, al ver que el equipo no se estaba reforzando como le habían prometido, decidió declinar la idea de volver. Una pena para el equipo y una herida de muerte para un presidente que le mintió e ilusionó a la hinchada.

 

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Ahora ya es tarde. Ya no se puede corregir el rumbo. Nacional se estrelló y en el accidente fue poco lo que se salvó de aquel equipo, de aquella idea de juego que hace muy poco dominó el continente. De entre las ceninzas, con un cuerpo técnico nuevo que hasta ahora se está familiarizando con la idiosincrasia del club, habrá que arrancar de cero. El camino será largo y tendrá que estar respaldado por la paciencia del hincha.

 

Como pasa siempre en estos casos, el capitán no murió con su barco. Botero ya se fue, dijo que necesitaba unas vacaciones de las que seguro ya está disfrutando. Ahora es el club y nosotros los que tendremos que pagar por sus errores.

 

Hasta siempre, presidente. No vuelva nunca más.

 

Foto:
Deportes RCN


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