Chile: Eso te pasa por sapo

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Para que aprendan. Chile quiso ganar en los escritorios y falló. Nadie va al Mundial sapeando.

 

¿Se acuerda de lo que era llegar a clase sin haber hecho la tarea? Si uno mostraba inseguridad, nada que hacer, lo cogían; lo mejor era ir con paso decidido, saludar al cucho lo más tranquilo posible y sentarse rapidito confiando en que la rutina surtiera su efecto. ¡Ay, cuando funcionaba! ¡Nada más placentero que ver que al cucho se le había olvidado la tarea! Empezaba la clase y ya se podía respirar; poquitas victorias tan pequeñas y tan placenteras al mismo tiempo. Y así, cuando ya uno estaba listo para festejar, listo para lanzarle una mirada cómplice al amigo que tampoco había llevado la tarea… todo, absolutamente todo, se iba al carajo.

 

–¡Pdofe, pdofe!

 

Jueputa. Era la voz quebrada, chillona, nariztapada, del Sapo de la clase.

 

–Pdofe… una pdeguntica… ¿no va decoged la tadea?

 

¡Maldita sea! ¿No podía quedarse callado? El resto de la historia lo conocemos todos. Los que no llevamos la tarea, por andar dándole al fulbito hasta tarde, terminábamos jodidos por cuenta de la honestidad inquebrantable del Sapo. Y aunque el narco-código de que los sapos mueren espichados en la carretera no aplicara en nuestro caso, sí había una cosa que podía sacarnos la amargura. Sí, una cosa: que al Sapo le fuera mal.

 

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Por eso me sabe tan bien que Chile se haya quedado por fuera del Mundial. ¿Quién lo diría? El bicampeón de América, la Roja, el Flagelo de Messi va a tener que ver la cita mundialista por televisión. Eso les pasa por sapos, por no saber comer callados, por quererse ganar en los escritorios lo que no pudieron ganarse en el campo. Si no les hubiera dado por impugnar el partido contra Bolivia, en este momento estarían empacando las maletas para irse a jugar el repechaje contra Nueva Zelanda. Justicia divina.

 

En septiembre de 2016, los chilenos se creían dioses. Venían de ganarle la segunda final a la Argentina de Messi en tan solo un año. Se enfrentaban en la fecha doble contra Paraguay en Asunción y luego recibían a Bolivia en Santiago. Arrogantes como argentinos, los chilenos creyeron que Paraguay y Bolivia no estaban a su nivel. El primer batacazo se lo llevaron en Asunción: 2-1 a favor de los paraguas en una tarde destemplada de Vidal y compañía. Pero, claro, lo que nadie se esperaba era que los bolivianos salieran con vida de Santiago. Las apuestas eran por la cantidad de goles que iban a meterles, 3, 4, 5… sin embargo, ni se les pasó por la cabeza que Bolivia les fuera a plantar cara. Así fue. Bolivia se llevó un empate histórico de su visita a la Roja. El bicampeón de América sacó un solo punto en la fecha doble de septiembre y vio complicadas sus opciones de ir a Rusia. Pero… cuando el Sapo se asusta mira a ver cómo se sale del problema… a los chilenos les llegó un rumor y no dudaron en armar la gorda con tal de salvar las papas.

 

Se enteraron de que un jugador de Bolivia, Nelson Cabrera, no cumplía con los requisitos para jugar con esta selección. Cabrera, nacido en Paraguay, llegó a Bolivia en 2013 y, por lo tanto, no cumplió con los 5 años de residencia permanente que pone la FIFA como requisito para la convocatoria de un jugador nacionalizado. Reglas son reglas. Chile sapeó y se salió con la suya. O bueno, eso creyó. La FIFA le otorgó los tres puntos del partido contra Bolivia e hizo lo mismo con Perú; los peruanos habían perdido 2-0 en La Paz, pero como Cabrera también jugó ese partido, recibieron 3 punticos que ni siquiera estaban buscando.

 

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Perú no estaba en las cuentas de nadie, ni con esos 3 puntos gratis (ojo, 3 puntos y +5 en la diferencia de gol, todo gratis). La Eliminatoria Sudamericana, el mejor torneo de selecciones del mundo, siguió su curso y demostró, una vez más, que nada está escrito. Perú, justamente, el que se benefició del trabajo sucio del Sapo, se va a montar en el avión a Nueva Zelanda. Si la Federación Chilena no hubiera impugnado el partido, Chile hubiera quedado con 24 puntos y hubiera ido al Mundial, gracias a la diferencia de gol. Qué ironía.

 

Querer ganarse en el escritorio lo que no se pudo obtener a punta de sudor en la cancha es deshonroso. No debería existir tal posibilidad. Pero existe, tristemente, y hoy es tan importante tener un equipo directivo de lagartos expertos en lobby, como tener un buen capitán y un buen entrenador. No obstante, todavía hay algo de justicia divina. Al Sapo, Chile, le salió el tiro por la culata; le recogieron la tarea y, de todas formas, la tuvo mal. Ahhh, eso es tal vez más placentero. No la hicimos y qué. No somos bicampeones y qué. Cuando vean el Mundial, vamos a ser nosotros los que estemos detrás de la pantalla.

 

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Foto:

Neuquen

 


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