Neymar: ganarle al Real Madrid o morir

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La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón.

 

No fueron solo los 222 millones de euros que pagó el jeque Al-Khelaifi por él, ni los privilegios exclusivos que tiene en el vestuario, ni las fiestas privadas, ni los desnudos en Instagram… No. Si hoy Neymar es lo más parecido al alcalde de París es sobre todo porque el fútbol lo avala. Sus números desde que llegó al PSG se escapan de la lógica, como los de Messi y los Cristiano nos hacen pensar en vida extraterrestre.

 

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De hecho, Neymar está en modo “Messi”. Lleva 28 goles y 16 asistencias en lo que va de la temporada. La diferencia es que a la Ligue 1 todavía la miramos con demasiada sospecha. Nos suena mal que independientemente de los motivos, monetarios y no, Neymar haya cambiado el Barcelona por el PSG. Guardando las debidas proporciones, es como pensar en un jugador que hace 30 goles en la liga colombiana y en otro que hace los mismos 30 en la liga boliviana. Seguramente ambos son geniales, pero al segundo le ponemos un signo de interrogación. No se trata aquí de poner al PSG a la altura de un equipo de la liga boliviana, se trata más bien de contrastar dos ligas. Una mucho mejor que la otra.

 

Neymar no ha puesto cara de sorprendido. Bobo no es, desde el principio sabía que el super-equipo que le armaron —Mbappé incluido— iba a cabalgar plácidamente por los estadios diminutos de todos esos equipos franceses cuyo nombre pocos pronuncian con propiedad. Sabía que futbolísticamente, él, sobre todo él, pero también sus compañeros estaban muy por encima de lo que exige el torneo. Por eso nadie se mosquea cuando en un partido que termina 8-0 contra el Dijon, Neymar hace cuatro goles y da dos asistencias. Hasta ahora —sin miedo a estar exagerando— Neymar solo ha cumplido. Está siendo el Messi del PSG, pero eso es lo mínimo que se esperaba de él.

 

La Copa y la Liga se dan por descontado, el PSG está en la final de la primera y en la segunda ya está a 12 del Mónaco. Es en la Champions en donde Neymar está obligado a justificarse, a hacer valer su decisión. Solo la Orejona —en sus manos— le daría el estómago necesario para afirmarle al mundo que no se equivocó y que es mucho más que un pesetero. Solo ha mitad de temporada, Neymar comienza a darse cuenta de lo arriesgada que fue su decisión…

 

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Ahora, después de la derrota inesperada en Madrid, tendrá que nadar en contra de la corriente. Su partido en el Bernabéu fue bueno, consistente con lo que ha mostrado durante toda la temporada. Consistente, pero no suficiente. Una cosa era el modesto Dijon, incluso el Mónaco, otra muy distinta es el Madrid. En el primer partido de su temporada personal, Neymar fue incapaz de compensar la frialdad de la camiseta que ahora lleva puesta. El PSG superó al Madrid en el juego, pero perdió el partido por falta de ambición y de carácter. Fue imposible no revivir la remontada —infame o épica, depende desde donde se le mire— que el Barcelona, de la mano de Ney, les hizo la temporada pasada. De verdad que este equipo prefabricado es una nevera. Ni juntando a Messi, Cristiano, Neymar, Coutinho y Mbappé en el mismo equipo se consigue eso que al Madrid le sobra: mística y jerarquía.

 

Ahora, de quedar eliminado prematuramente, todo el novelón habrá sido un fracaso. Usted puede llamarlo como quiera, pero sería un rotundo fracaso. El club tendría que reconocer que los títulos y la jerarquía no se compran con plata; y el jugador tendría que soportar un final de temporada opaco, aceptar que, aunque ahora es un poco más rico, deportivamente hablando dio un paso atrás. Tendrá que mirarse al espejo y estoy seguro de que le costará reconocerse.

 

Foto:

La Vanguardia


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