Solo quiero ver perder a Nacional

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El formato del torneo del FPC está sustentado en una tesis tan sencilla como debatible: estirar la incertidumbre deportiva del torneo cuanto más sea posible, para mantener viva la esperanza de los aficionados hasta el final. Y así, asegurar taquillas millonarias en las fases finales.

 

El propósito principal de esta columna no es analizar las bondades y miserias de nuestro formato. Con cierta desvergüenza debemos aceptar que es un modelo mediocre en sí mismo, que no premia al mejor equipo sino al más hábil para competir. Pero debemos agarrarnos a él, porque es lo que hace años nuestros dirigentes eligieron para nuestro fútbol.

 

En ese sentido, lo peor que nos puede pasar es que la Liga Águila cada semestre se consolide más como una liga unipolar. Con la potencia financiera y deportiva de Atlético Nacional estamos en camino de convertirnos en una Bundesliga del trópico. Ojalá lo fuera por la majestuosidad de los estadios y las aficiones, o por la estética de esos mansos prados verdes donde la pelota rueda libre y feliz. Estamos en camino porque la distancia entre Nacional y los demás cada día es mayor. Peligrosamente mayor. Golpear la incertidumbre frente al ganador es un golpe al corazón de nuestra liga.

 

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Antes de despertar algún tipo de sospecha debo decir que el crecimiento como institución deportiva y como propuesta futbolística de Nacional en los últimos años es admirable. Lo que ha conseguido se lo ha ganado en el campo. Ha representado magníficamente bien al fútbol antioqueño y ni se diga al colombiano en el continente. Nacional  debe ser un caso de estudio para otros clubes grandes que no han logrado salir de su letargo. Pero nada de lo anterior, junto a otros halagos que el club merezca, es incompatible con advertir las consecuencias de su enorme crecimiento.

 

No estoy proponiendo algún tipo de confabulación contra el equipo del grupo Ardila Lulle. Que la pelota le haga caso a quien mejor la trate. Pero la fase de todos contra todos, donde el equipo hizo 49 puntos de 60 posibles, jugando muchísimos partidos con el equipo B por atender los partidos de Copa con los titulares, es un síntoma preocupante. Los resultados son reflejo de lo que está pasando en las oficinas de los equipos.

 

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Un reciente informe de la Superintendencia de Sociedades mostró un panorama desolador para los aspirantes a competir contra el campeón de América. De 2015 a 2016, Nacional aumentó sus ingresos de $72,138 millones a $161,125 millones. Es decir, un aumento de los ingresos operacionales del 123%. El segundo equipo que más creció fue Santa Fe, con un tímido 10%. A este paso, la riqueza de Nacional será la ruina del estrato medio-alto. Hablo de Medellín, Junior, Millonarios, Santa Fe.

 

Quienes han seguido este semestre al equipo de Rueda se han dado cuenta que está lejos de aquel que levantó la segunda Libertadores del club. Pero no hay una mayor muestra de solidez de un equipo que cuando gana sin jugar bien. Aquellos equipos que logran imponerse sin tener la soltura ideal de su juego están al otro lado del río. Eso ha logrado Nacional en este torneo 2017-I.

 

Con la victoria 1-3 contra Jaguares está casi confirmada la presencia de Nacional en semifinales contra Bucaramanga o Millonarios. Pensando que los de Russo superen la eliminatoria, deberán hacer dos partidos perfectos para hacerle cosquillas a Nacional. Por eso, la victoria de Medellín 4-3 en el clásico paisa me alegró. El equipo de Zubeldía tiene una nómina con una riqueza técnica espectacular. De la mano de Quintero, el DIM es el llamado a liderar la resistencia.

 

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No tengo nada en contra de Nacional, pero por todo lo que acabo de explicar, por la salud del fútbol colombiano, en este momento me pongo todas las camisetas menos la del ‘Verde’. Salvo en torneos internacionales, quiero que Nacional pierda hasta en los amistosos. Propongo una sana cruzada deportiva contra Nacional.

 

En Alemania, les aseguro amigos, que para el título todos hinchan por el Dortmund, menos los fanáticos del Bayern Múnich. El poderoso, el dueño del monopolio y del negocio, siempre se convertirá inevitablemente en una figura antipática y resistida. Es normal. Es ley de vida. Por eso quiero que Nacional caiga, que sufra, que sucumba. Cada quién vela por sus intereses. Ardila y Rueda por los suyos. Yo por el maltrecho y querido fútbol colombiano.

 

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Opinión escrita tras la primera fecha de la muerte súbita. 

 

Twitter: sebastiannohra

 

Foto: espn.com.co


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