Caso Armani: los argentinos se creen el pueblo de Dios

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Las opiniones de los columnistas no reflejan necesariamente la de Hablaelbalón. 

 

En las dos últimas semanas el tema de cabecera de los programas de radio y televisión de fútbol en Argentina ha sido “Armani a la Selección”. Deslumbrados por la agilidad de reacción, los resortes que tiene en los gemelos para atajar y el magnetismo de su personalidad, los periodistas argentinos ven en Franco una de las pocas certezas para combatir la mediocridad reciente de su selección y soñar con ganar la tercera estrella en Rusia.

 

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La eterna suplencia de Romero y Caballero en Inglaterra y el costal de goles que se llevaron en el Wanda Metropolitano contra España, provocó un estado de nervios. Dicen que “Messi puede jugar mejor que nunca, pero sin un buen arquero no salís campeón jamás”. El tema Armani es un tema de Estado. En las redes sociales el clamor es unánime. Hasta los periodistas más bosteros (Mariano Closs, Alejandro Fantino, Horacio Pagani) le hablan a Sampaoli exigiéndole su convocatoria.

 

Y entonces: ¿Cuál es el problema? ¿No es más que normal que con el sensacional estado de forma de Armani, en especial en los últimos partidos contra grandes como Boca, Racing e Independiente, la prensa lo pida para Rusia? En principio sí, es normal, y no admite debate. Lo que a mí personalmente me molesta – y para denunciarlo escribo estas líneas–, es que el caso Armani es un nítido ejemplo de la arrogancia y soberbia con la que algunos pomposos periodistas argentinos miran el fútbol del resto del continente.

 

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Mientras Romero lleva muchas temporadas siendo suplente en Europa, Armani lleva años a este nivel. ¿Descubrieron que al agua moja? ¿Les salió de la nada y del sombrero un magnífico arquero? ¿Armani les llegó por Amazon la semana pasada? Entre 2010 y 2017 el ex arquero de Nacional jugó 248 partidos, ganó 13 títulos, hizo parte (en el 2016) del mejor equipo de América y jugando para Nacional la rompió de visita en Argentina más de una vez. No es que jugaba en la liga mongol y los partidos no se podían ver ni por internet; en Suramérica el mito Armani retumba con fuerza desde hace años.

 

Pero los medios argentinos tuvieron que esperar hasta tenerlo cerca, a metros de sus sets de televisión en el arco del Monumental, para considerarlo una opción legítima para defender la Albiceleste. En un puesto en el que el déficit es evidente – en una Selección que siempre tuvo arqueros muy grandes– 13 partidos en River fueron suficientes para comprarle a Franco horas y horas de radio y televisión. ¿Y antes? ¿No existía? ¿Nadie lo seguía en Colombia? ¿Ni siquiera rompiéndola en Nacional, reciente campeón de Libertadores y equipo respetable en todas partes, hizo méritos suficientes para ser seguido de cerca? ¿Dónde estaban entonces Vignolo y sus amigos? ¿Dónde estaba el Diario Olé?

 

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En el fondo lo que se evidencia es un menosprecio arraigado. Un ejemplo de la creencia no reconocida, pero sí asumida, de que ellos son el barrio rico de una ciudad llamada Suramérica. Que son especiales: ni latinos ni europeos, son “argentinos”. Los argentinos son los judíos del fútbol: creen que son el pueblo elegido por Dios. Y puede que lo sean, si recordamos que de los millones de personas que han jugado a la pelota en el mundo en los últimos 100 años, Di Estéfano, Maradona y Messi, nacieron dentro de sus fronteras. Pero lo cierto es que si hubieran superado su soberbia y mirado con atención a sus vecinos “más pobres”,  en Nacional hubieran encontrado un arquero que seguramente les hubiera ahorrado muchos goles, putazos y amarguras. 

 

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Foto: tn.com.ar


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