¿Por qué Medellín se come a Bogotá?

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Desde todas las aristas el fútbol de Medellín es superior al de Bogotá. Ya es hora que los equipos, los estadios y el fútbol de Bogotá en general, estén a la altura de una de las grandes metrópolis del continente.

 

Esta columna no pretende enmarcarse en un tono regionalista, polarizador y mucho menos agresivo. Se trata de comparar, de manera crítica y sana, el fútbol de los dos mayores polos de desarrollo de nuestro país.

 

La aclaración es necesaria porque cuando en un análisis comparado, bien sea político, económico o deportivo, se intenta responder desde una presunta superioridad moral, la discusión muere inmediatamente. Los argumentos se evaporan y entramos en un terreno indeseable.

 

Sin embargo, así sea un debate espinoso por el contexto social del país, es un tema que los aficionados, periodistas y dirigentes del fútbol bogotano no pueden soslayar.

 

La capital tiene más de ocho millones de habitantes, maneja casi la mitad del PIB de Colombia, sus clubes, como ningún otro, tienen una cercanía con los grandes centros de poder político y económico, entre otra muchas oportunidades a favor, y aun así, el estado del fútbol bogotano está muy lejos del antioqueño. Desde todos los puntos de vista, pasado reciente, presente, resultados deportivos, formación de futbolistas y manejo institucional, el fútbol antioqueño supera al bogotano.

 

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De nada sirve seguir cantando y repitiendo como entes sin alma: “somos el primer campeón“, “somos el más grande”, “la provincia no existe” o “ustedes no serían nada sin Pablo Escobar”. Estas consignas tan viejas como el sol, ya empiezan a provocar más ternura que respeto ante el indisimulable peso de las circunstancias. Si la capital no se mira el ombligo, vivir del pasado se convertirá en su único consuelo.

 

Por el lado azul, es cierto que el proyecto Russo despierta entusiasmo, que estuvo muy cerca de eliminar al campeón de América en semifinales llegando a ser superior en el juego, pero el panorama observado de una manera histórica, general y objetiva, es lamentable.

 

El club ha llegado a UNA sola final en los últimos 20 años. En los últimos 29 solo ha ganado un título importante; es incapaz de tener algún tipo de protagonismo en Libertadores y Suramericana; hace tiempo no llegan refuerzos de alto vuelo al club; y por ningún lado se ve un plan estratégico ambicioso y técnico, que desde el marketing y la publicidad proyecten a Millonarios sobre el plano de los grandes clubes del siglo XXI y lo puedan convertir en un grande del continente.

Foto: cdn.colombia.com Con Hernán Torres en el 2012 Millos ganó la única liga que ha ganado en los últimos 29 años.

 

Por el lado de Santa Fe la discusión tiene otros matices. Todos estaremos de acuerdo en decir que la última década ha sido la mejor de la historia del club. El logro de la Copa Suramericana fue espectacular, Santa Fe es un club que hace varios años se ha educado a ser muy competitivo en copas internacionales y se ha ganado un respeto que nunca antes tuvo en el continente. Todo eso es cierto, pero en el computo global, como proyecto deportivo, todavía tiene muchas carencias y muchas casillas por rellenar. Santa Fe está lejos de ser el guapo del barrio.

 

Respecto a la comparación en el desempeño por liga —que es la competición que mejor mide la regularidad— entre Bogotá y Medellín los datos son demoledores. No admiten comparación. Desde que se creó el formato por semestres en el 2002 hubo 31 campeones. De esos, 13 fueron de Medellín y cuatro de Bogotá; y de los 31 subcampeones, siete fueron de Medellín y cuatro de Bogotá. Una paliza.

 

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En el tema de la formación de jugadores no hay un criterio estadístico como el de los títulos, pero ya es hora de que el fútbol bogotano, desde sus entrañas, haga una revisión juiciosa del estado de sus centros de formación y haga reformas radicales. Son preguntas que obligatoriamente nos tenemos que hacer.

 

¿Cómo puede ser posible que con toda la población de personas que llegan a Bogotá, con toda su población y su capacidad económica, fabrique tan pocos jugadores? ¿De los últimos 50 jugadores que participaron con la Selección Colombia, cuántos son bogotanos? ¿Cada cuánto sale un jugador interesante de las canteras de Santa Fe y Millonarios? ¿Hay expediciones de entrenadores que están yendo a formarse a Europa?

 

Otro ejemplo del rezago de la capital en la búsqueda de construir proyectos deportivos integrales lo vivimos esta semana. Jorge Perdomo, presidente de la Dimayor, fue al Atanasio Girardot a conocer la infraestructura de seguridad del estadio que lleva más de un año funcionando, y salió maravillado. “Lo hecho en Medellín es digno de admiración y ejemplo”, dijo al salir.

 

Foto: playbuzz.com El Atanasio Girardot es el estadio del país con los mejores estándares de seguridad.

 

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Los presidentes de Nacional y Medellín, junto con el alcalde de la ciudad Federico Gutiérrez, ilustraron a la comitiva de la Dimayor sobre las cámaras de reconocimiento facial en los accesos a cada tribuna y dentro de las graderías, les explicaron el plan de acción que tienen en el trato a las barras de los equipos y el trabajo social que siguen realizando para prevenir la violencia en el fútbol.

 

Esta ha sido la gran preocupación del fútbol nacional en los últimos años, y Bogotá ha sido incapaz de instalar un sistema sofisticado y efectivo a la altura de uno de las mayores metrópolis de Suramérica. Es una vergüenza.

 

Si seguimos comparando cada sector que hace parte de la industria del fútbol los resultados serán parecidos. Bogotá no tiene un fútbol a la altura de sus posibilidades. Es una realidad demoledora. Aprender de Medellín y hacer reformas según su propio contexto y necesidades es algo que debemos exigir. Bogotá merece más.

 

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Foto: photoshelter.com


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