La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón.
De no clasificar Tolima, sería la segunda vez en tres años que no metemos equipos en octavos de final de la Copa Libertadores. En 2017 estuvimos blanqueados y en 2018 pasó Nacional, luego murió en octavos a manos del sorprendente Atlético Tucumán. La debacle copera, por casualidad nada más, arrancó el día en que la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS) publicó su ranking de mejores ligas del 2016. Nos dijeron que Colombia tenía la segunda mejor liga del mundo. Y bueno…
Entrar a discutir que nunca hemos sido (y nunca seremos) la segunda mejor liga del mundo es un ejercicio tonto, y quien crea que sí es tonto también. Los dirigentes —siempre tan convenientes— inflaron el pecho y encontraron razones categóricas para perpetuar su mediocridad. De paso, también, el honroso título puso alta la vara para los nuestros. Como si los equipos colombianos hubieran sido siempre protagonistas de la Copa, como si todos los años tuviéramos semifinalistas, como si fuéramos Argentina o Brasil.
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Vayamos sin complejos y digámonos la verdad en la cara. Tenemos tres títulos: uno fue un milagro y los otros dos los puso Nacional. En los últimos diez años —además del título en 2016— hemos tenido un solo semifinalista más (Santa Fe 2013). En los últimos veinte años, desde que la cantidad de equipos pasó el umbral de los 30, hemos sido actores de reparto. Títulos aparte, hubo sorpresas como la del Cúcuta 2007 y grandes equipos como el Cali del 99’ y Medellín y América en 2003. Más allá de eso, desde que erradicamos el narcotráfico y sacamos los barriles llenos de dólares de los vestuarios, como país no volvimos a ser protagonistas de la Copa. (¡Auch!).
Hoy todos están escandalizados con lo del Junior. ¿Por qué? Si el Junior ha jugado 15 ediciones y en solo dos de ellas pasó de octavos. ¿Por qué? Si su única semifinal fue en 1994, hace 25 años. Como nos creímos eso de ser “la mejor liga de Suramérica después de la brasilera”, entonces nos parece un gran fracaso que solo un equipo siga en carrera.
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Es una lástima, sí. Duele lo del Junior de Suárez y sobre todo extraña lo de Nacional. Pero tampoco es para poner el grito en el cielo. El número de participantes ha aumentado mucho y así también lo ha hecho la calidad y la preparación de los equipos. Hoy ningún partido es fácil, ni en casa ni afuera. Todos juegan en cuchillo entre los dientes, nadie te regala nada, los viajes son extenuantes y las canchas jodidas. Si la Copa Libertadores es la única medida del éxito, entonces siempre hemos sido una nación de fútbol fracasada.
El problemas es que somos arrogantes. En Colombia nos creemos mucho y le damos muy poco a los demás. (¿Quién es Bolivia, dónde queda Perú, a quién le ganó Paraguay?).Ni somos la segunda mejor liga del mundo, ni la Copa Libertadores es un torneo de barrio.
Será el año que viene…
Foto:
RCN y Antena2
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