La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón.
Paulo Autuori se hizo el harakiri. Después de la derrota en casa con el Deportivo Cali, el técnico de Nacional se despidió de los jugadores y dejó su cargo a disposición. Aunque finalmente lo convencieron de quedarse “a ver qué pasaba en la Suramericana”, con ese espíritu derrotista, el mismo de su entrenador, salió Nacional al Maracaná y se llevó un baile de Fluminense. Fue su tibieza la que terminó de matarlo.
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En defensa de Autuori se puede decir que Nacional no estaba mucho mejor antes de él. Aunque ganó la Copa Colombia, en el 2018 se hizo demasiado evidente la caída total del legado de Osorio y Rueda; y eso sería injusto adjudicárselo a Autuori, pues antes de él vinieron Lillo, Almirón y el Arriero, que apenas hizo lo que pudo. El Nacional de Autuori, ciertamente, no estaba siendo un equipo brillante, pero había mostrado picos de buen fútbol y, a pesar de la nómina corta y la plaga de lesiones, seguía (sigue) en carrera en todas las competiciones. Un balance modesto para el equipo más poderoso del país, pero aceptable si todo ello se interpretaba como una etapa de transición.
Por eso sorprendieron tanto la fragilidad y el berrinche de un entrenador de tantos quilates. Le pudieron más las críticas de la hinchada que sus convicciones personales. Nacional no solo estaba mejorando —tiene mejores números que el semestre pasado— sino que todavía tenía posibilidades de levantar un título. Y si el reto que tenía pendiente era comprometer a sus futbolistas y convencerlos de su idea, mostrarse derrotado y abatido causó todo lo contrario. ¿Quién quiere luchar por un perdedor? ¿Quién le cree a un perdedor? Autuori se sepultó en el camerino del Atanasio.
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Es triste, pues su final le da la razón a los que —con malasangre— decían que le había quedado grande dirigir a Nacional. Por fútbol, más allá de los resultados, Autuori no merecería salir. Por liderazgo, tenía que irse volando. Nacional busca técnico y Autori, autuestima.
Foto:
Juan Antonio Sánchez Ocampo / El Colombiano











