
La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón.
Al César lo que es del César. Santa Fe dio una vuelta de 180º y es el equipo colombiano más regular y eficiente del último mes. Desde la victoria contra el Medellín en El Campín, en aquella remota tarde del 1 de septiembre, los cardenales no reciben goles y solo saben sumar de a tres. Pasaron de estar en la inmunda y de sacar la calculadora para el descenso a conseguir la mejor racha de victorias de toda su historia. El entrenador Harold Rivera, los futbolistas y la afición han rescatado al club de una crisis que se dio por culpa de la mala gestión de la directiva.
Si quieren justificar algún día la importancia del aficionado para un equipo (fuera de los ingresos que genera, claro), usen como ejemplo la actitud de los hinchas de Santa Fe en los últimos meses. Mientras otros clubes tienen aficionados comensales, que si no les gusta lo que ven chiflan y abandonan al equipo, el seguidor del León se tomó en serio el rol de jugador número 12. Preparó banderazos, pulmones llenos de positivismo y un amor por el escudo digno de documental. Entre apoyo y apoyo, a los jugadores les entró el chip de confianza que faltaba, y tras el banderazo del 31 de agosto (previo al choque contra Medellín), el año de Santa Fe cambió por completo. “Ya habrá tiempo de revisar lo que estuvo mal”, pensara el seguidor cardenal, “pero por ahora toca salir de este infierno”. Ese es el hincha que vale la pena, y no el que insulta al rival o grita bobadas en el campo.
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Y si aplaudo al aficionado, no debo quedarme corto con los jugadores y el cuerpo técnico, que se dejaron calentar el pecho y el corazón por el contexto y, a punta de pasión y mucho trabajo, lograron cambiar una situación que pintaba para drama deportivo. Harold Rivera cogió a una camada de jugadores derrotados (entre ellos algunos canteranos como Edwin Herrera) los ordenó, armó una propuesta de juego y les dio la confianza que faltaba para que llegara el fútbol. De ese Santa Fe espeso, mareado y errático que vimos en el primer semestre queda poco. Hoy el equipo cardenal sabe defenderse atrás y es contundente en sus ataques, como en sus mejores años. Ya no hay caras ni declaraciones derrotistas en los futbolistas, que en cada balón muestran amor por la camiseta y por su trabajo.
No soy aficionado de Santa Fe, sabrá el que me conozca, pero repito la frase del inicio: al César lo que es del César. Dejo claro, eso sí, que cuando la tormenta pase y llegue diciembre, la directiva de Eduardo Méndez deberá repasar la crisis y no repetir los errores de la anterior administración. A punta de nombrar entrenadores interinos, de aplazar lo urgente y ponerse a especular con el equipo, Santa Fe casi llega a un punto de no retorno. Gracias a los jugadores, al cuerpo técnico y a los aficionados, hoy el equipo piensa en los cuadrangulares (está séptimo en la liga) y no en la tabla del descenso. Que alguien los incluya en una antología de gestas épicas.










