No hay nadie en el mundo como Lionel Messi. Ni lo habrá. Verlo jugar, sin duda, es uno de los placeres más grandes que nos regalará el fútbol. Somos afortunados de vivir en la Era Messi y –por más que muchos nos rehusemos por tercos, por afiebrados o por ciegos– eso hay que agradecerlo. Ojo: tanto hace una semana, cuando incluso sus detractores cedieron a llamarlo “Dios del fútbol”, como ahora, después de que Klopp y su banda lo desnudaran, lo apalearan y lo dejaran con el rabo entre las piernas.
Porque, amigos, seamos serios: nada se logra con salir a defenderlo. Aquí no vale la excusa trillada, mil veces oída en los fracasos argentinos, de que a Messi nadie lo ayuda, de que los demás tienen la culpa, de que él no puede solito, de que, de que, de que… El Enano las tuvo hoy, y las erró; varias de esas, que cuando Messi es Messi –es decir, sobrehumano–, siempre terminan dentro del arco. La ‘Pulga’ nos tiene acostumbrados a la genialidad y nos lleva siempre al límite; de modo que después de un partido así, común y corriente tirando a malo, es normal que la decepción sea grande.
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Reconocer que Lío también tiene noches decepcionantes, como esta, no tiene por qué restarle mérito a su leyenda. No, ni mucho menos. Al contrario: en el momento en que admitamos que Messi puede llegar a ser frívolo, reconozcamos que le falta muchísimo para ser el capitán que necesita su equipo y le concedamos el pedazo de culpa que le corresponde, en ese preciso momento podremos contemplar la leyenda de Messi en toda su magnitud. Las excusas baratas, patadas de ahogado, culpas, disculpas, argumentos y maromas, en vez de salvar a Messi de la hoguera terminan por empañar los momentos verdaderamente gloriosos.
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Hoy, por el hecho de haberse dejado eliminar por el Liverpool, Messi no es menos dios y el gol de hace ocho días no es menos hermoso. Sí, la derrota de hoy es la constatación última de que este dios del fútbol también se equivoca y sangra y se cae. Pero esto no tiene nada de malo, amigos messievers, todo lo contrario. Lo que pasó hoy nos recuerda que va a haber un día, un maldito día, en el que este dios diga “no más”. Por eso es justo que tanto hoy como hace una semana, y tal como deberíamos haber hecho desde hace 15 años, demos gracias por vivir en la Era Messi. Pues no hay ninguno como él. Ni lo habrá.











