La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón
Las explicaciones del fracaso del Real Madrid están a la orden del día. El capricho y la improvisación de Florentino las recubren todas. Y son tantas y saltan tanto a la vista que es difícil comenzar por alguna. Por eso, la más fácil es la que hizo Modric, quedarse con lo evidente y cuestionar el nivel dramáticamente bajo de los referentes.

“Casemiro no debería jugar ni un minuto”, “¿Dónde está Varane?”, “Marcelo es un hueco”, “Kroos parece exfutbolista”, “Lo de Isco es vergonzoso”, “Courtois es un papelón”, “Bale es un frío…”. Todo verdad, pero que en el fuego cruzado de señalamientos no se pierda el nombre de Santiago Solari.
Que la inexperiencia no sea el bálsamo que blinde al argentino. Casi por azar le cayó la responsabilidad y él la tomó. No por ello merece condescendencia. Hoy no se puede matizar, no importa si era fácil o difícil, no importa si Cristiano o Vinicius, Solari era el encargado de hacer lo que Zidane no quiso: devolverle la ilusión perdida a un equipo que ya lo había ganado todo. Y falló. El Madrid tocó fondo y en ello mucho tiene que ver él.
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Falló estrepitosamente porque en los deportes colectivos las individualidades no deben nunca analizarse como casos aislados. El rol del entrenador es construir un ambiente y un esquema que saque lo mejor de sus futbolistas. En este Madrid vimos todo lo contrario, y al extremo: lo peor de las carreras de Casemiro, Kroos, Courtois, Bale, Marcelo, Isco y otro más, jugadores que hace menos de un año estaban entre los mejores del mundo y hoy son chiflados por el Bernabéu. Solari fracasó porque el Madrid no solo perdió, el Madrid no compitió, el Madrid se entregó. Los jugadores no están exentos, claro que no. Si quieren hablemos de la ausencia de Cristiano y de la inexperiencia de Vinicius, pero no nos olvidemos de Santiago Solari.

La tercera Champions en línea pegó con babas los cimientos de un proyecto que ya se estaba viniendo abajo y que ayer, finalmente, se derrumbó. Zidane lo había vaticinado, y por eso se fue. Las ganas, el carácter, la soberbia y la retórica de Solari no fueron suficientes para contenerlo. Se necesita más para entrenar al Real Madrid.
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