Recordando a Edwin Congo

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Hoy en día vive en Cali como cualquier otro. Alejado de los flashes del profesionalismo, son pocos los que lo reconocen. Ahora lleva una vida tranquila, pero en su momento “jugó” en el mejor equipo del mundo.

 

Edwin Arturo Congo Murillo ¿Le dice algo ese nombre? A lo mejor le suena por los 30 goles que hizo con el Caldas o por los dos golazos que le marcó a River con 19 añitos o por la joya de taco que le hizo a Argentina en la Copa América del 99’… Ah, y por haber jugado en el Real Madrid.

 

Llegó al Madrid inesperadamente. Escasamente lo conocíamos en Colombia y un gol maradoniano a River le compró una taquilla en el vestuario blanco. Bueno, un gol y una carta al niño Dios; la que le escribió un aficionado a la directiva del club en la que pedía el fichaje de una culebrita que la rompía en un equipito colombiano. Su deseo se cumplió.

 

El Madrid pagó cinco millones de euros al Once y Edwin cambió el Palo Grande por el Bernabéu. Manizales por Madrid. Por vecinos tenía ahora a ‘Raulito’, ‘Luchito’ Figo, ‘Zizou’ y a un tal Roberto Carlos. Era el auge del Madrid de los ‘Galácticos’. Edwin tenía 22 años. Un sueño hecho realidad.

 

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Llegó en el verano de 1999. Compitiendo contra delanteros de la talla de Raúl, Morientes, Anelka y Eto’o hizo dos goles en la pretemporada, pero esto no fue suficiente para convencer a Benjamin Toshack. El técnico galés recomendó su cesión. Congo había hecho 30 goles en Colombia, Anelka había hecho 28 en el Arsenal…

 

Primero fue al Valladolid, luego al Guaimâraes, después al Toulouse y en 2001 volvió al Madrid… para quedarse. Dicen las malas lenguas que ningún equipo lo quiso y que a Del Bosque no le quedó de otra que quedarse con él. No jugó un minuto en toda la temporada. Ni siquiera fue al banco. Ni en Liga, ni en Copa, ni en Champions. Eso sí, con orgullo puede decir que hizo parte del plantel que ganó la Novena.

 

A pesar de ser un cero a la izquierda, nunca perdió la sonrisa. Siempre se entrenó bien. Se rompía la espalda para después del entreno salir tranquilo a jugar pádel con Roberto Carlos, Raúl, Figo, Zidane y Seedorf, sus amigos más cercanos en Madrid. De Clarence llegó a decir que fue su mejor amigo, el que más se preocupó por él.

 

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Después de “ganar” la Novena salió al Levante y allí sí hizo historia; estuvo cuatro años, fue titular indiscutible y uno de los héroes que logró ascender al equipo a primera después de 41 años. Lo que vino después, hasta su retiro en 2012, fue un ir y venir entre equipos chicos, equipos chiquiticos. Dejó el fútbol sin haber jugado un solo minuto oficial en el Madrid. Igual, se fue satisfecho, feliz.

 

Pero a todo marrano le llega su diciembre. Edwin fue paciente y la vida le dio la oportunidad de marcar un gol en el Bernabéu. Fue hace poco, ante 80.000 personas que llenaron el estadio para ver un partido entre leyendas del Madrid y leyendas de la Roma. Sí, leyendas. Congo fue jugador del Madrid durante seis temporadas, no jugó nunca, pero aun así se ganó el cariño y el respeto del club y la afición. Lo celebró por todo lo alto, con una sonrisa de oreja a oreja y un bailecito.

 

Antes de montarse al avión para volver a Cali, Edwin le recomendó a James tener paciencia y quedarse en el Madrid… Y que el 10 no lo desoiga, estamos hablando de un experto, de un maestro que se hizo leyenda sin jugar un minuto.

 

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Foto:

Defensa Central


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