Clasificarse y querer llorar

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Ay, el Tachira 

 

Esto va, en serio, con respeto: Santa Fe eliminó hoy a, quizá, el peor equipo que haya visitado Bogotá por competencias internacionales. Entendible: además de ser un club sin renombre, el contexto venezolano, que todo lo pernea, debe ponérsela muy brava a los clubes de fútbol (como a todas las empresas) para pensar en competir.

 

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Lo grave del asunto es que Santa Fe, que de visitante logró hacer tres goles, no pudo hacer ni uno solo contra un equipo jugado, que tenía que ganar por dos goles o más y que, además de verse exhausto en la altura, terminó con 10. Este Santa Fe campeón del continente no puede dormir tranquilo al pasar tan al ras contra un rival tan precario.

 

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La herida abierta de Macnelly Torres

 

La transacción fallida de Macnelly Torres hoy se sintió como una herida abierta (con sal, limón y vinagre). Los equipos, como las empresas, deben evolucionar con el tiempo. Y de verdad que no puede ser que el equipo de Gregorio se siga permitiendo noches tan espesas e insufribles como esta.

 

Nadie piensa, nadie se echa el equipo al hombro con el balón en los pies. No hay pequeñas ni grandes sociedades. Pedir cuatro pases seguidos es pedir un imposible: corto circuito en el primer pase de Gordillo y Perlaza, corto circuitos por las bandas, el balón quemándole a Morelo, a Plata a Pajoy. Centros imprecisos dignos del fútbol amateur de los domingos. Definiciones sin sentido.

 

Más allá de la intensidad ya conocida e identitaria, el Santa Fe de hoy no merece mucho análisis: aferrado al marcador, le dio la espalda a su gente y no jugó a absolutamente nada. ¿Quieren una razón? Santa Fe necesita un cerebro. Alguien que se oponga al atletismo, al pelotazo sin sentido y se niegue a seguir perpetuando el caos del ya famoso punta y pa arriba rojo.

 

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Pensar que con la intensidad y el orden  es suficiente, además de mezquino, es falso. Cuando las ideas escasean de tal forma, y la asociación simplemente no existe, los equipos suelen desorganizarse y partirse. El balón organiza.

 

Ya no fue lo de Macnelly Torres, pero no se puede afrontar otro semestre así. El fútbol es de los hinchas, y condenarlo al hincha  a este pin pong infernal es no quererlo. Se debe traer un cerebro (y un volante mixto con buen pie). Hay tiempo y plata. ¿Cuál es la excusa?

 

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Plata

 

Como hincha, pero sobre todo como futbolero, es doloroso ver lo que pasó hoy  con Plata. No hay foto más triste en el fútbol que la de la hinchada volcada contra uno de los suyos. El santafereño, el que ha seguido a este equipo domingo a domingo, ya tiene que tener más que claro que Anderson es víctima de su propia limitación.

 

Las corre todas y las corre siempre. Se vacía. Encara. Se gana el sueldo honradamente. Pero simplemente no le da. Sus características no están a la altura de Santa Fe (y sí, hoy jugó especialmente mal).  El error, de nuevo, está en la incapacidad gerencial y técnica de encontrar una mejor opción.

 

Ya lo dijo Shakira: no le pidan peras al olmo.

 

 

 

Foto:

Futbolete


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