Se busca: Wilder Medina

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Uno de esos genios de los que pudimos disfrutar muy poco. Siempre que llegó a la cima, se cayó por el barranco. Hoy está perdido y lo estamos buscando. Ayúdenos.

 

Su amorío con el balón comenzó gracias a su viejo, un obrero que trabajaba en una fábrica de cemento y que en sus tardes libres hacía de árbitro en lo picados que se armaban por allá en Puerto Nare. Wilder lo acompañaba a la cancha y si no había balón cogía una naranja para pelotear. Su talento inmenso siempre fue evidente. Todavía eran días tranquilos…

 

Pero esto se acabó. A sus 51 años, en una triste mañana de septiembre, un infarto fulminó a don Manuel Medina. Su esposa cogió a sus hijos, empacó sus chiros y cambió Puerto Nare por Rionegro. Al llegar Wilder se enlistó en las divisiones menores del Deportivo Rionegro.

 

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Eran tiempos jodidos. El equipo no pagaba y entonces Wilder, el futbolista, conoció al Wilder pandillero. Fue la necesidad… y los relojes brillantes, y las mujeres bonitas, y la ropa de marca… y la marihuana, la maldita marihuana. Por las mañanas era uno, por las tardes otro. Nunca mató, pero sí encañonó, robó.

 

En la cancha, a pesar de la resaca, era un delantero letal con un olfato goleador innato. Con 17 años estuvo cerca de ir Argentina, pero para entonces la marihuana ya comenzaba a restringirlo. Un positivo en un control antidoping frustró el fichaje.

 

Un año después, el futbolista debutó en segunda con el Rionegro. Mientras tanto Dios se esforzaba por sosegar al pandillero. Cuentan que una explosión mató a toda su pandilla minutos después de que él y su hermano se hubieran ido de la casa abandonada en la que planeaban sus fechorías. Un milagro lo sacó de la delincuencia.

 

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Wilder dejó las armas y se aferró a Dios para esconder a su álter ego. Pero el daño estaba hecho, la marihuana estaba ya anidada en sus neuronas. Aun así su talento se sobrepuso. Pasó por el DIM, el Huila, Envigado y Patriotas antes de tocar primero el cielo y después el infierno con el Tolima.

 

En 2010 fue el líder del equipo que llegó a cuartos de Copa Suramericana y a la final de la Liga Águila. Un año después todo se fue al diablo. Cansados de los recurrentes positivos por droga, la FIFA y la Dimayor lo suspendieron por dos años. Para el Tolima se hizo insostenible. Wilder quedó en el limbo…

 

Hasta que apareció César Pastrana, la figura paterna que lo levantó y lo hizo figura del Santa Fe semifinalista de Libertadores. Jugar fútbol es de esas cosas que no se olvidan.

 

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A la resurrección le siguió la recaída. Wilder salió para el Barcelona de Ecuador, no le fue bien y volvió a Santa Fe. En Bogotá reaparecieron los fantasmas. Las drogas son de esas cosas que no se olvidan. Sus ausencias comenzaron a ser más frecuentes y un día, de repente, comunicaron que se iba. “Muchas lesiones”. Y entonces se desvaneció…

 

Supimos que salió campeón en Bolivia. Y que se rompió la rodilla. Y que ahora está en Fortaleza recuperándose. Todo es incierto, con él nada se sabe. Lo estamos buscando. Queremos que vuelva, que se reivindique, que reponga todos los años de fútbol que él mismo se y nos robó.

 

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Caracol


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