Santi Arias, el ninguneado

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La opinión de los columnistas no genera necesariamente la de Hablaelbalón.

 

El primer recuerdo que tengo de Santiago Arias se remonta al 2011, cuando jugaba para la Equidad. Me acuerdo que fui a ver a Santa Fe al estadio de Techo y salí soprendidísimo por su despliegue infernal por la banda derecha. Me acuerdo, también, que mi amigo Juvenal Rodríguez, para entonces entrenador de arqueros de la Equidad, me habló maravillas de Santiago: “Se entrena como nadie, corre más que todos y existe la sospecha de que tiene tres pulmones… es un jugador con sello europeo”.

 

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Al final de esa temporada, seguramente por sus tres pulmones, lo fichó el Sporting de Lisboa y yo, naturalmente, lo dejé de seguir. De Portugal llegaban noticias vagas y los titulares con su nombre eran tan atípicos como escuetos. Pero el lateral siguió sumando partidos, entrenándose como nadie… hasta seducir al PSV. En Holanda, siendo sinceros, tampoco lo seguí. Mi relación con él, y por ende mi juicio futbolístico, se ha basado en su rendimiento con la camiseta de la Selección Colombia (lo mismo que seguramente le pasa a usted, querido lector).

 

Por eso hoy, cuando otro amigo futbolero que está licenciándose como entrenador UEFA y que vive en España , donde se valora muchísimo el fútbol holandés, me avisó con emoción que Santiago Arias había sido nombrado como el mejor jugador de la temporada en la Liga Holandesa, sentí una extraña sensación de culpa e ingratitud. Me explico.

 

Como Santi no es un lateral glamuroso, de “sabor especial”; y entre sus genes no está la gambeta ni los golazos desde afuera o los gestos técnicos espectaculares; y como la disciplina, el rigor táctico y la regularidad no son indicadores excitantes que nos paren de la silla, creo que lo subestimamos. Que maltratamos su figura y pasamos de largo la importancia y la bendición que es tenerlo en las filas de Colombia. Habla de un periodismo ingrato e ignorante —mea culpa— que su nombre aparezca en los periódicos y los portales deportivos, sobre todo, cuando después de un bajo rendimiento con la Selección nos gana el malestar y nos acechan las dudas.

 

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No es cuestión sino de revisar sus estadísticas en Holanda, sus cinco campeonatos, para entender que hablar de él es hablar de un tipo serio y respetado en la élite. De un profesional sin escándalos que a punta de regularidad y nervio se ha hecho el gran caballo del segundo equipo más importan del país de Van Persie y de Cruyff; una liga que, aunque no se lleva los premios de popularidad, ni mueve las cantidades que otras, para los entendidos tiene gran influencia y en la que se forman muchos cracks que después pasan a los gigantes de Europa.

 

Que resulta ridículo es seguir dudando de su idoneidad para ser el lateral indiscutible de la Selección. Por resultados y jerarquía se ha convertido en pieza fija del entramado de don José. Bien merecido lo tiene.

 

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