Si tiene plata, apueste por Colombia

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Si buscamos la verdad, lo primero que se debe decir es que el resultado final de la doble fecha, en números, no fue el ideal. Debíamos sacar cuatro puntos y sacamos uno; contra Venezuela perdimos el examen, punto. Ahora, sabiendo que el fútbol no se debe explicar solamente desde los números, pensando en el juego, en el funcionamiento del equipo, debemos decir también que los últimos dos partidos fueron paradójicos, casi bipolares, pero que la sensación final es la de un equipo serio, valiente, con las cualidades para estar en Rusia.

 

El partido contra Venezuela rozó con lo insoportable. Murillo y Barrios, erráticos, nerviosos, prendieron las alarmas. La soledad de Falcao, el soso juego del equipo y la incapacidad de ganarse la mitad que le permitió crecerse a los venezolanos (todo en una cancha horrible, difícil hasta para Xavi Hernández) nos hicieron pensar que contra Brasil sudaríamos sangre, que lo peor estaba por venir.

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Pero pasó que después, en nuestro patio, con un césped en condiciones ­–y con un James inmenso, generoso y determinante— Colombia se le plantó a Brasil sin complejos ni temor alguno, mirándolo a los ojos, pensando en sumar de a tres. Jugamos un partido redondo. A Pékerman, una vez más, se le vio la mano de estratega feroz: Davinson Sánchez hizo olvidar la pregunta que abrió Murillo y Ábel Aguilar, en remplazo de Barrios, la rompió toda; fue el cerebro y la pausa, el puente que hizo falta en Venezuela. Aunque sufrimos, aunque Ospina sacó dos balones mitológicos y Arias le vio el número un par de veces a Neymar, el diagnóstico final es el de un equipo sin temores, que se cae y se levanta, que viaja junto, que se sabe que tiene que ir a Rusia. Y además tiene a Falcao. Siempre Falcao. Eterno Falcao. 

 

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Es verdad que la clasificación todavía es virtual y que este infierno al que llamamos eliminatoria no permite errores (pregúntenle a Vidal y a Messi). Es verdad que, llegados al final, ya no se permiten resbalones como el de Venezuela. Que Paraguay vendrá a Barranquilla con los restos, con las tripas y que la Perú de Gareca en Lima va a ser un clavo ardiendo. Pero, y esto lo decimos sin la camisa puesta, la verdad es que la Selección Colombia que vimos ayer, guiada por James, es la favorita en los dos partidos que le quedan. Que el optimismo se vale. Que si nos tocará apostar (si tuviéramos plata) apostaríamos por Colombia. Es más, doblaríamos la apuesta.

Termine con: Cuando la Selección Colombia era de papel. 

 

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El Espectador


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