Simeone, vete ya.

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El Atlético la está pasando mal, muy mal. Su tibio desempeño en LaLiga, su arranque irregular en Champions y su pobre actuación en el partido de Copa, esta semana, hablan por sí solos. Los del Cholo están irreconocibles. Y, ojo, no tiene nada que ver con el cambio de imagen. Vale, es cierto que si el Vicente Calderón, el Gigante de Manzanares, inspiraba miedo a cualquier rival… el Wanda Metropolitano logra el efecto contrario. Y también hay que decirlo: desde que Carrefour, en Colombia, se transformó en Jumbo y su elefante saltarín, no se tenía registro de un cambio de imagen tan desacertado y sinsentido como el del escudo del Atlético de Madrid. Pero no, no tiene nada que ver con esto. Los valores sobre los que se ha construido el Atleti del Cholo parecen haberse evaporado. Es normal, ni siquiera Simeone es inmune al desgaste de estar sentado seis años en el mismo banquillo.

 

Para que nos hagamos una idea, cuando el Cholo llegó a la dirección técnica del Atleti, en diciembre de 2011, el Madrid de Mou y el Barça de Pep vivían en una permanente batalla campal. Aquella fue la recordada temporada de los 5 clásicos que acabó con el Barça campeón de Liga y Champions. Para que sigamos reviviendo aquella época, Ferguson estaba al frente del ManU e intentaba imponerse al City de Mancini, el Chelsea de Vilas-Boas y, cuando no, el Arsenal de Wenger. Ya hablaremos de Arsenio y su creciente parecido con Simeone; el punto es que queda muy poco de la generación de espartanos que vio al Cholo llegar al banquillo colchonero.

 

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Aquel Atlético, recordarán, conquistó Europa con su juego. Después de ganar la Europa League en 2013, les hizo frente a los grandes clubes europeos con un equipo plagado de latinoamericanos y famoso por su filosofía de dejar la vida partido a partido. Era el equipo de todos. El de los que estaban hasta la polla del Barca y del Madrid.  El equipo de barrio que nadie quería enfrentar. Un equipo forjado a imagen y semejanza de Diego Pablo: disciplina táctica, entrega absoluta y mentalidad aguerrida, incluso en las situaciones más adversas. De ese equipo, después de tres años consecutivos cayendo ante el rival de patio en la Champions, cuesta admitirlo, ya no queda casi nada.

 

MADRID, SPAIN - MAY 18: Atletico de Madrid head coach Diego Simeone waves to supporters during celebrations a day after winning the Copa del Rey Final against Real Madrid on May 18, 2013 in Madrid, Spain. (Photo by Denis Doyle/Getty Images)
El entrenador de la gente. Foto: Getty Images.

El Atleti de hoy sigue recibiendo pocos goles, pero ya no marca ninguno. A estas alturas de la temporada, llegando a noviembre, los máximos anotadores de la plantilla del Aleti son Ángel Correa y Ferreira Carrasco, con tres goles cada uno. Tres míseros goles: los mismos que tienen entre Griezmann, Torres, Gameiro y Vietto juntos. La garra de antaño se ha convertido en un juego soso y mezquino. Parece increíble, pero el Atleti sufre para mantener el empate contra equipos como el Qarabag y el Elche. Debe ser difícil mantener la filosofía de pensar partido a partido después de seis temporadas.

 

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En este momento, la hinchada atlética deposita todas sus esperanzas en que llegue rápido el mes de enero, para que Diego Costa, que ya fue fichado, pueda ser registrado y hacer su debut en la delantera. Lo que no saben es que enero puede ser ya demasiado tarde. Tras el desastroso arranque en Champions (2 puntos y solo 1 gol, en 3 partidos) es bastante probable que el Lagarto se quede sin participar en la carrera por la Orejona.

 

Simeone es un técnico excepcional; a juicio de muchos, el mejor. Sin embargo, el desgaste salta a la vista. El fútbol de hoy no se presta para que los técnicos se afinquen en un solo banquillo durante varias temporadas. Basta con ver el ejemplo de Wenger: un técnico desgastado por el paso de los años, que hoy es aborrecido (cual tirano) por la misma hinchada a la que le ha dado todo.
Sería muy triste que el Cholo se convirtiera en otro Wenger. Verlo condenado a pelear títulos diminutos, incorporado a la estructura organizacional del club, reducido a ser una marca, un objeto de merchandising más, una foto que se pone en los forros de celular de los hinchas más fervorosos… eso sería tristísimo. Sobre todo para aquellos que lo consideramos, todavía, el gran representante de la Sudamérica barrial en el continente viejo.

 

Por favor, por amor al fútbol, que se lo piense dos veces antes de rechazar una oferta del Inter o de la Lazio, o del Sevilla, yo qué sé. Verlo partir del Atleti va a ser muy triste, pero nada comparable con verlo convertido en un activo más del club. Más pronto que tarde, al Cholo le está llegando el momento de partir. Si se va oportunamente, no cabe duda de que la hinchada colchonera seguirá coreando su nombre, por cincuenta años y cincuenta años más. En cambio, si se obstina en mantenerse en el club, visto lo que pasa en Emirates semana a semana, puede que el Ole Ole Ole, se convierta lentamente en un “Simeone, vete ya”.

 

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Foto:

ElGráfico


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