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El espectáculo volvió a Milán

2018-09-23T23:23:38+00:00 20 noviembre, 2016 |

Psicólogo en desuso, editor aficionado y futbolista recontra frustrado.

3 minutos de lectura

Buenas noticias para el futbolero: el Derby de la Madonnina estuvo a la altura. Si bien la mística de antaño sigue ausente, Milan e Inter, por fin, volvieron a dar espectáculo

 

Esta vez el local fue el Milan. Los dirigidos por Vincenzo Montella salieron con un 4-3-3 con ínfulas de 4-5-1, pues los extremos, Suso y Niang, tenían la obligación de retroceder para colaborar en defensa. La mitad de la cancha estuvo integrada por Kucka, Bonaventura y Locatelli (joven promesa del futbol italiano), volantes más de juego que de quite. En punta, y muy solitario, estuvo Carlos Bacca.

 

El Inter saltó a San Siro con un  4-4-1-1. Joao Mario jugó por detrás de Mauro Icardi. Detrás de él estuvieron Kondogbia y Brozovic por la mitad, y Candreva y Perisic por las bandas. El técnico Stefano Pioli paró un equipo agresivo y ambicioso que salió a asfixiar a su archienemigo desde el primer minuto.

 

Y en la primer hora el plan le salió bien al Inter. El equipo fue compacto, presionó alto y anuló todos los intentos ofensivos del Milán. Los de rojo, maniatados, se vieron obligados a recurrir constantemente al pelotazo. El juego del local pasó mucho por los pies de su joven portero Gianluigi Donnarumma, que a pesar de intentar tímidamente salir jugando con sus centrales, se vio siempre obligado a revolearla para superar las líneas de presión de su rival. Arriba, salvo por la movilidad de Niang y de Suso, el Milán fue un equipo carente de ideas. Bacca nunca pudo integrarse al circuito de juego de sus compañeros.

 

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Entre tanto, el Inter, a pesar de haber sido dueño absoluto del juego, desaprovechó ocasiones claras. Persic desperdició dos cabezazos que lo habrían cambiado todo…

 

Pasados los primeros treinta minutos el juego se volvió de ida y vuelta. El Inter no logró mantener el ritmo, la presión y la intensidad decayeron y el Milán, por fin, pudo respirar. Tanto que en la recta final del primer tiempo, tras un contraataque de manual que nació en las manos de Donnarumma, Suso puso el 1-0. Golazo, vale la pena verlo varias veces. Entonces, casi sin merecerlo, sin haber hecho mucho para conseguirlo, el Milán se fue al descanso con los tres puntos en la bolsa.

 

 

El segundo tiempo comenzó como terminó el primero: de ida y vuelta. Un derby entretenido, haciendo otra vez, tras muchos años, honor a su historia. Golpe a golpe. Primero golpeó el Inter, que aprovechó una desatención defensiva del Milán y Candreva, con un potente remate, igualó el marcador. Inmediatamente después respondió el Milan. En la grada, los aficionados sonreían.

 

Con el 2-1 en el marcador, y consciente de que la presión comenzaba a morder al rival, el Milán retrocedió sus líneas, las juntó, y le cedió la iniciativa al Inter. Grave error. Los de azul, aunque fueron un equipo lento y predecible, castigaron a Montella y le recordaron que echarse atrás nunca es buena estrategia. Fue en el descuento, cuando las calles comenzaban a teñirse de rojo, que  Perisic aguó la fiesta…

 

Amargo para los del Milán, reconfortante para los del Inter. Para nosotros, los futboleros, el derby fue una buena noticia. Por fin volvimos a ver un partido a la altura de las expectativas. Sin los nombres, ni la mística de antes, es verdad, pero con la pasón y el vértigo que caracteriza a los grandes partidos. Vamos mejorando, algún día volverá la gran Madonnina.

 

(¿Le gusta el fútbol internacional? impedible perfil del Chicharito).

Foto:

as.com

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