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Se abrieron las puertas del cielo

2018-07-17T10:59:53+00:00 27 noviembre, 2016 |

Psicólogo en desuso, editor aficionado y futbolista recontra frustrado.

3 minutos de lectura

Cesó la horrible noche. América le ganó al Quindío y, por fin, después de cinco años salió del infierno de la B. El fútbol colombiano, todo, sonríe. Que falta hacía la ‘Mecha’

 

Tocaba salir a atacar, pero sin perder la cabeza. Y Hernán Torres lo entendió a la perfección. Al Pascual Guerrero salió un equipo equilibrado: un 4-2-2-2, con laterales prudentes, en el que Camilo Ayala y Jonny Mosquera fueron volantes puramente defensivos para así darle libertad creativa a Lucumí y Brayan Angulo, que tenían la orden de moverse libremente en campo rival. Arriba, el ‘Tecla’ fue el único referente de área, mientras que Martínez Borja entraba, salía y se tiraba a los costados.

 

El Quindío fue amarrete desde el principio. Consciente de que el empate a cero le servía, ‘Cheche’ Hernández paró dos líneas de cuatro bien juntitas y se dedicó a defender. En el primer tiempo, el argentino Sevillano y Gustavo Torres, los hombres en punta, fueron espectadores de lujo. Al final, la falta de ambición dolió.

 

El América necesitaba un gol tempranero que le sirviera de ansiolítico. Y salió a buscarlo. Antes de los cinco minutos Borja probó al arquero Mesa desde lejos y a los quince Jeider Riquett sacó de la raya un chorrito de Brayan Angulo.

 

La apuesta ofensiva del América fue una y clara: tirarle centros al ‘Tecla’, que esperaba en el área, y a Martínez Borja, que en el primer tiempo jugó de falso extremo y entraba en diagonal desde la banda opuesta. Entonces, cada vez que Brayan Angulo y Lucmí se juntaron por la banda derecha, el América fue peligroso. Por ahí llegó el gol. Combinación prolija entre los volantes, centro al área y golazo del salvador Farías.

 

Pero la dicha duró poco, cinco minutos exactamente. Y no fue por mérito del Quindío, sino por cosas del fútbol, que siempre ha sido cruel con el  América. Cuando el partido parecía controlado y el ascenso cogía color, tras un tiro de esquina, Mosquera se hizo un autogol. Otra vez, la ‘Mecha’ volvía a la B. A remar contra la corriente. No hay ascenso sin sufrimiento.

 

Si el Quindío ni con el marcador en contra mostró variantes, tras encontrarse con el empate y el ascenso parcial, mucho menos. Siguió mostrando conformismo y el fútbol se lo cobró. En la recta final del primer tiempo, el Pascual Guerrero volvió a soñar con un gol de penal de Martínez Borja. El 2-1 era justo.

 

Futbolísticamente hablando, el segundo fue un bodrio de los grandes. América jugó a cuidar el resultado y el Quindío, aunque lo intentó, fue pálido. ‘Cheche’ Hernández mantuvo el planteamiento inicial y sus cambios no le funcionaron. El partido se jugó en campo rojo, pero el arquero Bejarano, con seguridad, se aburrió.

 

La ‘Mecha’ sufrió sin el balón. Ni los delanteros, ni los volantes creativos volvieron a aparecer. Faltando quince minutos Torres intentó darle un empujón creativo a su equipo metiendo a Jonathan Álvarez, pero nada cambió. Ante la falta de respuestas, el técnico volcó todos sus esfuerzos en defensa. Entendió que para salir del infierno todo se vale y paró un 5-4-1. Un fortín para asegurar el ascenso.

 

Fue arriesgado, pues en los últimos minutos, el América se defendió demasiado cerca de su área. El fútbol le acababa de dar un lección a ‘Cheche’, de igual manera se la hubiera podido dar Torres. Pero no. Esta vez no. Esta vez  fue piadoso y aunque los tres minutos de reposición se sintieron como 5 años en la B, al final, Roldán pitó y el América ascendió. Por fin, al Diablo se le volvieron abrir las puertas del cielo.

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