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La vida después de Pékerman

2018-09-04T18:56:46+00:00 4 septiembre, 2018 |
3 minutos de lectura

Con Pékerman La Selección Colombia  se ganó un prestigio que otros países tardaron décadas en conseguir. Hoy, que se va, que llegó el momento de poner las notas, lo mínimo que se merecen él y su cuerpo técnico es un ocho. Le dieron un vuelo distinto a la Selección, trajeron unas maneras más prolijas y el profesionalismo que pedíamos a gritos en el 2011. Nos pusieron a mirar a los ojos a los más grandes. Jugando bien o jugando mal, Colombia es una Selección que contra Brasil e Inglaterra vendió cara su derrota y cayó eliminada por detalles muy finos. Gracias a Don José fuimos animadores de dos Mundiales y le aportamos jugadores de peso a la Copa, fuimos primeros de grupo y llenamos los estadios con una feliz marea amarilla.

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Analizándolo exclusivamente desde ahí, desde el balance deportivo, había razones claras  para justificar su continuidad.  Sin embargo, desde otra óptica, una más profunda, hay que  reconocer que había, también,  señales claras de agotamiento. Reconocer esto está muy lejos del desagradecimiento o el desprecio por el trabajo de Don José, como muchos andan diciendo por ahí. Al revés. Llegó el momento de seguir los consejos de el argentino y construir, con una voz fresca, sobre lo construido, sobre el legado del técnico más exitoso y con más partidos al mando de nuestra selección.

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El problema de juego de Colombia se volvió crónico y Rusia 2018 fue el desenlace lógico de lo que fueron una eliminatoria y dos Copas América mediocres. En su segundo ciclo Pékerman no logró darle sentido y continuidad a su propuesta. Sobre la marcha y constantemente se cambió de plan con modificaciones demasiado bruscas. En cuatro años recordamos apenas tres buenos partidos: dos contra Ecuador y el de Polonia. Del 2011 al 2014 hubo un piso estable y una idea consolidada que permitió potenciar el talento de buenos jugadores que, salvo Falcao, no eran estrellas en el fútbol europeo. En cambio, del 2014 hasta los trágicos penales contra Inglaterra ocurrió todo lo contrario: fue la jerarquía de las estrellas la que permitió disimular y sobrellevar la falta de un rumbo claro.

En los cuatro partidos de Colombia en Rusia vimos cuatro planteamientos totalmente diferentes y salvo contra Polonia fuimos superados. Si no hubiera sido por el martillazo redentor de Mina en el minuto de Dios, nos habríamos despedido en octavos sin crear una sola jugada colectiva en ataque contra los ingleses. El equipo fue incapaz de consolidar su propuesta —si es que la tuvo— y el pobre Falcao se murió de hambre:  sólo una vez estuvo mano a mano en todo el Mundial.

 

 

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Ahora tenemos la oportunidad de darle una vuelta de tuerca a la Era Pékerman. Chile lo logró con Sampaoli, que supo recoger y potenciar el trabajo de Bielsa. Casos como el de Tabárez que lleva más de una década al frente de Uruguay no son la regla, menos si uno lleva cuatro años sin dar en la tecla y jugando mal con jugadores superlativos.

El siguiente reto, desafortunadamente, se nos sale de las manos, a nosotros y a ustedes. Será de la dirigencia de la Federación, que pareciera que para lo único que no es mediocre es para ser mediocre. No. Para eso son excepcionales, pues después de dos meses de “incertidumbre”, pasó lo que todos esperábamos: Pékerman dijo adiós y sin sonrojarse Jesurúm salió a decir que “no hay plan b, ni c, ni d”. Todavía no hay un nombre a la altura del que sale y si queremos darle valor al legado de José lo primero será no hacer más chambonadas.

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Foto:
Futbolete

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