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Colombia vs Venezuela: el recuerdo más feliz

2018-09-06T19:04:48+00:00 6 septiembre, 2018 |
  • Cabrera, Colombia vs Venezuela 1996
2 minutos de lectura

Mañana empieza un nuevo ciclo contra la Venezuela de Dudamel. Por eso nos acordamos cuando, 12 años atrás, con él con los guantes puestos, Colombia fue un equipo feliz. 

Eliminatoria a Francia 98, penúltima fecha. Colombia vs. Venezuela en el Metropolitano. Para clasiicar la ecuación era sencilla: ganar o morir, pues después se venía Argentina en el Monumental.

En nuestro arco, Miguel Calero, jovencito y sin cachucha, de blanco y de negro. El Patrón Bérmudez como dueño de la línea de atrás; Chicho Serna y Bolaño ponían el nervio y las patadas, además de tener la orden de permitirle jugar a los artistas de más arriba: El Pitufo de Avila, El Pibe, El Tino, Rincón…

 

Camiseta Pékerman

 

Venezuela, con el traje de cenicienta bien puesto –última en la tabla, tres puntos y cero victorias– se paró bien atrás, supo cómo absorver la humedad veneno del Metro y con un Dudamel enorme nos puso a parir piñas. Rincón se comió dos cabezazos claros, el Pitufo sacó un rayo con la derecha en el área chica que se perdió en los guantes de Dudamel, al Tino le costaba la gambeta y el Pibe no estuvo nunca cómodo; y encima ellos, con un balazo de tiro libre y un cabezazo a bocajarro que salvó Calero –enorme, Miguel– nos hicieron saber que podían velarnos el sueño francés.

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Colombia, como siempre, estaba sitiado por la violencia y por el terror y acá se celebraba, como súplica, la semana de la Paz. La Selección, como siempre, era el bálsamo de todos. Pero Dudamel y los suyos, dignos, vendían caro cada metro.

 

 

Hasta que apreció Asprilla, con media hora por jugar y, por fin, se sacó de adentro esa pantera indomable que nos hizo pensar que podíamos con todos. Gambeteó con elegancia, engañó a tres con el cuerpo e irrumpió en el área con ese pasito suyo travieso y alegre. Sin más espacio para correr, alzó la cabeza y tiró un centro atrás que Cabrera, Wilmer, el lateral derecho, cambió por gol con una palomita que hoy activa la nostalgia.

 

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Luego vino el abrazo feliz, de todos con todos, y el Metro rugió, y el Bolillo –sin bigote– con el puño cerrado, celebró estar en su primer Mundial. Por unos minutos, estuvimos en paz.

Mañana jugamos contra Venezuela, se siente bien recordar.

Termine con: La vida después de Pékerman 

Foto:

ElHeraldo

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