Recordando a Kaká: el último rey

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Recordar es vivir. Y más cuando se trata de Kaká. 

 

Cristiano Ronaldo ganará, salvo sorpresa mayúscula, su quinto Balón de Oro (si es justo o no, es tema para otra ocasión).  El hecho es que CR7 quedará con el mismo número de distinciones que su enemigo favorito; cumpliremos diez años bajo el dominio de este par de mutantes. Sneijder, Iniesta, Neuer y hasta Griezmann se cuentan en la lista de damnificados por la tiranía de Messi y Cristiano. Después de tanto tiempo vale la pena recordar al último que ocupó el trono antes de que el portugués y el argentino se lo repartieran a su antojo. ¿Aún no le ha llegado a la mente? Se llama Izecson Dos Santos Leite. Y le dicen Kaká.

 

En Colombia nunca nos olvidaremos de ese niño tímido y caribonito que nos desbarató los sueños en cuestión de meses. La primera vez que nos lo topamos fue en la Copa de Oro 2003 (que aunque cueste creer, nos parecía gran cosa). En el cruce por cuartos de final Kaká nos clavó dos golazos desde fuera del área. Ese día el crack se coló en la élite y semanas después fue fichado por el Milan campeón de Champions. Lo volvimos a ver en la primera fecha de las eliminatorias, un siete de septiembre. El calor de Barranquilla solo era comparable con la emoción de ver que empatábamos 1-1 contra los vigentes campeones del mundo. Ronaldo puso  el primero con su panza y sonrisa burlona. Después, Ángel nos  dejó soñar con un cabezazo de sostenido cinematográfico. A los 60′ entró este pelaito con cara de yo-no-fui. Un par de minutos, los suficientes para amarrarse bien los cordones, le bastaron para romperle el arco a Córdoba. ¡Jueputa! ¡No Joda!.

 

Le gusta también, del mismo autor: El Milan eterno de 2007. 

 

No nos digamos mentiras: era fácil pensarlo rey. 

 

Brasil no tenía nadie que lo igualara. Ronaldo, Ronaldinho, Luiz Fabiano, Adriano y Roberto Carlos se habían encargado de tenderle la alfombra roja al nuevo monarca brasilero en Europa. Izecson Dos Santos demostró no temerle a la realeza y poco a poco se fue ganando el cariño y admiración de los tiffossi. Conformó una dupla asesina con Shevchenko y llevó a su equipo a ser campeón de la Serie A en su primera temporada al otro lado del charco.

Siguieron, no obstante, algunos años grises. Cuando Kaká parecía cumplir con el destino que todos le habíamos pronosticado, debió saborear una de las decepciones más amargas de su carrera. La Juventus imparable de Capello más los turbios millones del Calciopoli privaron a Kaká del placer de repetir Serie A. Para colmo, después de sus mágicas asistencia que tenían al Milan 3-0 arriba en la final de Champions, el Liverpool remontó. El tal “Milargo de Estambul” fue todo menos milagro para el más devoto de los jugadores brasileros. Pero Kaká no perdió la fe; ni siquiera después de un Mundial nefasto, en el que Brasil fue humillado y apaleado por la Francia de Zizou.

 

¿Otro equipo eterno? La Juve de 2002. 

 

Empezaba la temporada 06/07 y los milanistas tenían en Kaká el sustento de su fe. El Chelsea se había llevado a Shevchenko y el Milan empezaba la Seria A con un saldo negativo de 9 puntos debido al escándalo del Calciopoli. Sin opciones en liga Kaká llevaba encima una única obsesión: alzar la Champions que se le derritió en las manos en Estambul.

 

Después de caminar la fase de grupos, el Milan apuñaló al Celtic de Glasgow con un gol de Kaká en la prórroga. En cuartos, con otro gran perfomance suyo y con Seedorf e Inzagui como cómplices, asaltaron el Allianz Arena. En semis los esperaba el Manchester de CR7. El portugués ganó el primer round en Old Trafford 3 a 2. ¿Los dos goles del Milan? De Kaká, claro. En San Siro el prodigio se hizo rey y le compró el boleto al Milan para la final en Atenas, contra el Liverpool. La venganza se sirve fría.

 

El final del cuento es conocido por todos. La vendetta del Milan tenía un guionista que escribía en portugués. Su asistencia para el segundo gol del Pipo Inzaghi figura hoy en manuales de fútbol y en antologías de poesía. El guionista fue también el goleador de la competición. Sin otro final posible, el Balón de Oro, el último antes de la era Lío-Ronaldo, el último del fútbol sin extraterrestres, del otro fútbol –cada vez más lejano y desconocido– fue todo suyo.  Es el último sobreviviente. Sigue siendo el rey.

 

Termine recordando a Adriano. 


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