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Bienvenidos a la Copa Conquistadores de América

2018-11-30T17:06:52+00:00 30 noviembre, 2018 |
  • Hinchas de River atacaron al bus de Boca en la previa de la final de la Copa Libertadores
3 minutos de lectura

La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón.

Lo que pasó el fin de semana pasado, en Buenos Aires, es la prueba definitiva de que el fútbol está completamente descompuesto, dañado, echado a perder. Podrido. Sí, incluso “nuestro” fútbol, ese que tanto nos enorgullece (o enorgullecía). Ese fútbol barrial, ese fútbol feroz y apasionado, ese fútbol que se juega con hambre, con enjundia, con huevos, ese que solo puede darse de este lado del mundo, en la América Latina de venas abiertas. Ese también está podrido. ¿Por qué? Nadie sabe. Lo único cierto es que se acabó, amigos, nos colonizó el fútbol moderno.

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Sí, nos colonizó ese espectáculo lleno de jugadores en calzoncillos, sueldos exorbitantes, dirigentes corruptos, partidos arreglados, Mundiales en el culo del mundo. Nos colonizó el fútbol de Don Florentino, del VAR, de las grandes multinacionales y las casas de apuestas, de los magnates chinos, cataríes y rusos; nos colonizó ese fútbol que cada vez se parece menos al fútbol. Es un hecho: la final de la Copa Libertadores de América se va a jugar en el Santiago Bernabéu ¿Y de quién es la culpa? Nadie sabe. O mejor: nadie quiere admitirlo, pues la culpa es de todos.

Sí, de todos. La culpa es de los “desadaptados” que agarraron un bus a piedras, claro. Pero también es de la inoperancia de las autoridades argentinas, que fueron incapaces de montar un dispositivo de seguridad decente. La culpa es de los dirigentes (léase Domínguez, D’Onofrio, Angelici, Tapia, Infantino), a los que les quedó grande tomar una resolución inmediata y anunciar, desde un primer momento, que el partido quedaba pospuesto. La culpa la comparte la hinchada (toda), que presionó y presionó, pues no quería esperar un segundo más para que se jugara la tal “Final del Mundo”.

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La culpa es de la prensa y su amarillismo, que se ha dedicado a montar una trama de intrigas y acusaciones entre los clubes. La culpa es de Boca, que cree honroso ganarse la copa en el escritorio. Y de River, que ha sido intransigente y se niega a admitir siquiera una mínima parte de responsabilidad en lo que hicieron sus hinchas (o sus desadaptados, da lo mismo). La culpa es de todos. Tenemos la culpa de que se haya suspendido y también de que se vaya a jugar en el estadio del Real Madrid. La culpa es del fútbol moderno, al que se le hace agua la boca de nada más pensar en la negociación de derechos televisivos, en la venta de entradas y camisetas, y en la promoción del barbárico fútbol latinoamericano ante el mundo occidental-civilizado.

Pues, por más exagerado que parezca, eso es lo que hay detrás del Boca-River del próximo 9 de diciembre. De la misma manera que, hace más de cinco siglos, cargaban a nuestros antepasados encadenados en un barco y se los llevaban para exhibirlos en las cortes europeas, así, exactamente así, la final de la Copa Conquistadores de América pareciera querer decir: “Eh, mirad, a estos que parecen simios y no fueron capaces de jugar fútbol sin matarse… ¡hay que llevarles la civilización! ¡hay que hacerlos aceptar la doctrina del fútbol moderno!”. ¡Qué sinsabor amargo!

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Camiseta Andrés Escobar

Foto:
Caracol

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