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¡No queremos más Champions League!

2018-11-06T21:32:21+00:00 2 noviembre, 2018 |
3 minutos de lectura

La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón.

Han pasado muchos días desde que se acabó la Copa Mundo y sería mentiroso decir que ha sido fácil reponerse a la tusa que nos quedó. El fútbol perdió gracia. Sí, no nos digamos mentiras. Incluso, nosotros, que vivimos por esta vaina, que bebemos y respiramos fútbol como si fuera pan y agua, tuvimos que hacer un esfuerzo considerable para no perder el interés. James volvió a dar con un técnico miope, que no se conmueve con la magia de su zurda. Falcao, aunque hace goles, pasa trabajos para llegar a fin de mes, agobiado por la mala situación de su equipo. Yerry Mina nada que debuta con el Everton, acosado por lesiones absurdas. ¿Qué hacer? ¿A dónde mirar? ¿Cómo convencernos de que el fútbol sigue teniendo la misma emoción de siempre? La respuesta, por fortuna, tenía que llegar algún día: volver a las raíces.

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Volver a ilusionarse con las actuaciones de veteranos –como Ospina–, que, así nunca deje el arco en cero, deja siempre un par de buenas atajadas que quedan de lo lindas para amenizar el noticiero. Volver a comentar los goles de pela’os maravilla en equipos o ligas intrascendentes, léase Huesca o la Liga de Escocia. Volver al subdesarrollo de nuestra liga, en la que los ‘grandes’ sufren para clasificarse a las finales. Volver, volver, volver. Y sobre todo: volver a fascinarnos con el agreste fútbol sudamericano, que a finales de este mes nos va a regalar –sin exageración– el que puede ser el partido más importante de su historia. De nuestra historia.

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Boca–River, River–Boca. Superclásico en la final de la Libertadores, jugadores colombianos a lado y lado. ¿Podría pedirse algo mejor? Puede que ya la gente ni se acuerde, pero antes de que nos colonizara el glamour del fútbol europeo, la polémica casi teatral de los enfrentamientos entre Madrid y Barcelona, entre Messi y Cristiano… antes de que los niños de nuestra tierra entonaran –sin comprender realmente– la letra del himno lírico de la Champions League, esto era lo único que teníamos. Esto era lo que nos hacia amar el fútbol.

 

 

Y sí, no es para todo el mundo. Aquí lo único que vale es ganar dejándose todo en el campo. El fútbol del Cono Sur es para jugarlo con un cuchillo entre los dientes, para verlo de pie y sin camiseta. Aquí nada de glamour ni buenas maneras. No hay que pretender que nos entiendan al otro lado del charco. ¿Sucio, bárbaro, incivilizado? Quizá las tres cosas juntas… pero es el nuestro, eso nadie nos lo quita.

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Que otros (allá) se preocupen por su fútbol de plástico, de Instagram, de jugadores promocionando marcas de calzoncillos. Nosotros, mientras tanto, volvamos a las raíces. A eso que nos hizo tan felices cuando ni siquiera teníamos cómo enterarnos de lo que pasaba al otro lado. ¡Qué viva el subdesarrollo! ¡Qué viva América Latina! Volvamos a las raíces…

Foto:
Playfútbol

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