El poeta Nicolás Peña vive de letras y balones. En esta ocasión comparte lo que vive cuando su equipo pierde. La desilusión, el silencio, la rabia aún sin manifestarse, y más temas transversales a cualquier hincha, están presentes en un canto lleno de imágenes simples pero profundas.
Canto a la tristeza
Los fritos después del partido
las banderas extendidas
abrazando la nostalgia
de la ciudad gris.
Los buses llenos de llanto
los andenes
manchados de babas
untados de pasos
y desconsuelo.
Se ha perdido
se ha perdido
en un día soleado
y nadie se sienta a reír
en los parques
y la cerveza es amarga
y el abrazo duele
y así el beso insípido.
Es sábado
pero no hay ese ruido de los carros
ni el canto desafinado de la multitud
ni esa embriaguez deliciosa
que se extiende por los bares y los prostíbulos.
Poco a poco
las calles se van marchitando
y los hombres corren a sus casas
a ver si el sueño
o el televisor
o el sexo como recompensa
logran desterrar
de la memoria
el horrible grito
de gol.